martes, 11 de octubre de 2011

Elogio del amor

Portada del libro Elogio del amor, de Alain Badiou

Título y autor/a:Elogio del amor, de Alain Badiou.
Clave de lectura:Análisis de la naturaleza y consecuencias del amor.
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:Salvo tramos confusos, es un texto de calidad.
Música:Diez melodías vascas (Amorosa), de Jesús Guridi ♪♪♪

Hoy comentaremos Elogio del amor, del filósofo Alain Badiou. Un ensayo estructurado en forma de diálogo con el periodista Nicolas Truong.

En El amor amenazado, Badiou analiza los eslóganes publicitarios de cierta agencia para encontrar pareja por Internet: «Tenga amor sin azar», «Se puede estar enamorado sin caer enamorado» o «Puede usted perfectamente estar enamorado sin sufrir por ello».

De ahí advierte que no es posible evitar a toda costa las equivocaciones. Medir, calcular, encerrarnos tras las rejas de una presunta compatibilidad matemática elimina toda poesía existencial. Para alcanzar el premio del éxito, tenemos que arriesgarnos al fracaso.

A continuación, en Los filósofos y el amor, reflexiona sobre la presencia de esta idea en la historia del pensamiento. No excesivamente destacada, a su entender, pese a tratarse del centro de los anhelos del ser humano.

Diferencia entre tres corrientes: la romántica, que considera el éxtasis del encuentro como principio y fin en sí mismos; la comercial, por la que «individuos libres declaran que se aman», prestando atención a las ventajas que pueden obtener a cambio; y la escéptica, que hace del amor una simple ilusión, un maquillaje del deseo físico.

El tercer capítulo, La construcción amorosa, defiende que el amor no se realiza plenamente en la inmediatez, sino a largo plazo. Se trata de una «aventura obstinada» para vencer los obstáculos.

Más adelante, en La realidad del amor, aclara que el Dos no supone eliminar la diferencia, que no nos fusionamos en un solo ente, y es ahí donde radica el gran misterio: contemplamos la vida de manera única pero a través de una mirada doble.

Amor y política: reconozco que aquí no me resulta tan sencillo resumir el contenido. Se embrolla.

Como puente entre ambos conceptos, en política se estudia «de qué son capaces los individuos cuando se reúnen, se organizan, piensan y deciden».

Y llegamos a Amor y arte, otro apartado de difícil ilación dentro del discurso. Para ilustrarnos, recurre a muestras de Rimbaud, Breton, Marivaux, Pessoa, Vitez o Beckett. Una especie de análisis sobre ética y estética.

La conclusión sigue incidiendo en esta curiosa deriva, mediante un repaso a la actualidad política francesa: Sarkozy, con los precedentes de Pétain o la restauración de 1815, se enfrentaría al periodo revolucionario, la comuna y mayo del 68, al igual que el amor obediente a la «lógica y la seguridad» se opone al «transgresor y heterogéneo».

Salvo estos tramos confusos, Elogio del amor es un texto de calidad. Intenta dejar atrás tanto el idealismo como el realismo extremos y, no obstante, se nutre de esperanza, optimismo, de alegría incluso.

Si tenéis la oportunidad de leerlo, no lo dudéis.


El amor no consiste sólo en el encuentro y las relaciones cerradas entre dos individuos; es también una construcción, una vida que se hace, no desde el punto de vista del Uno, sino desde el punto de vista del Dos.

lunes, 3 de octubre de 2011

Cada siete olas

Portada del libro Cada siete olas, de Daniel Glattauer

Título y autor/a:Cada siete olas, de Daniel Glattauer.
Clave de lectura:Continúan los desvelos de Contra el viento del norte.
Valoración:✮✮✮✩✩
Comentario personal:Mantiene el tipo.
Música:El piano (Big my Secret), de Michael Nyman ♪♪♪

Si recordáis, al final de Contra el viento del norte nos habíamos quedado en una disyuntiva. Daniel Glattauer dejaba a Leo expatriándose a Boston y a Emmi en la vieja Europa.

Todo por no haberse atrevido a acudir a aquella cita para conocerse en persona.

Pues bien, la continuación, Cada siete olas, nos ofrece algunas respuestas: Leo ha vuelto, y cuando Emmi consigue ponerse en contacto con él sin que el servidor de correo le devuelva el mensaje, retoman su relación epistolar.

Ninguno ha olvidado lo que sentían o creían sentir, sólo que... él no ha vuelto solo. Y ella sigue casada.

Nuevamente el intercambio de ideas, comentarios, opiniones, dudas, hasta que por fin se deciden al encuentro real, con el resultado inmediato que cabía esperar, pero que tampoco resuelve nada de nada.

Y así transcurre el libro, a base de desnudar metafóricamente a los protagonistas y hacer que se enfrenten a sí mismos.

¿Cómo acabará la historia? ¿Cómo explicarles a sus respectivas parejas, que al fin y al cabo también tienen sentimientos, cuánto se necesitan? ¿Lo entenderán?

Quizás el único punto «dudoso» para la verosimilitud sería el lenguaje, desde luego bastante más elaborado que el habitual en el correo electrónico, pero tampoco es algo de lo que quejarse.

Por lo demás, mantiene el tipo. Incluso diría que Glattauer enriquece la trama mejor que en la primera parte, gracias a la permanente presencia de terceros en la sombra. A leer.


Bien, poco a poco el Leo virtual vuelve a imponerse. Si alguna vez llegas a ventilar tu armario emocional, piensa en Emmi, la que ironiza con seguridad sobre su inseguridad.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Vienen a decirme…

Velas para el recuerdo.

Vinieron a decirme que estabas muy enferma, que desde tu cama, tras años de lucha, tus ojos miraban ya apagados.

Y yo sólo veía imágenes de vida. Sonrisas ante la cámara. Alegría rodeándote. Un ramo de flores blancas. También tú vestida de blanco.

Ahora, vienen a decirme que...


jueves, 15 de septiembre de 2011

El fútbol a sol y sombra

Portada del libro El fútbol a sol y sombra, de Eduardo Galeano

Título y autor/a:El fútbol a sol y sombra, de Eduardo Galeano.
Clave de lectura:¡Fútbol!
Valoración:✮✮✮✩✩
Comentario personal:Nos transporta a cada momento que describe.
Música:Himno del Centenario del Real Madrid ♪♪♪

No sé si habrá mucha polémica, pero esta es mi decisión inapelable: penalti a favor de El fútbol a sol y sombra. Chuta Eduardo Galeano.

Tenemos aquí un conjunto de artículos que glosan múltiples aspectos del balompié, desde la más simple anécdota que ocurrió en tal o cual partido hasta la mística cuando millones de personas alcanzan una comunión de fervor al final de los noventa minutos.

Si bien cada uno presenta un grado de interés variable, la verdad es que la mayoría consigue transportarnos al momento que describen: un remate de Pelé, una parada de Zamora, una jugada gloriosa de algún jugador olvidado de los tiempos del blanco y negro... Gran mérito de la prosa apasionada del autor.

Pero lo más curioso es que ni siquiera hay que ser practicante activo de la religión pelotera para disfrutar de estas historias. Porque son como parábolas extrapolables a cualquier aspecto de la vida: la gloria efímera, el valor del esfuerzo, el triunfo de lo inesperado...

Todas las pasiones humanas acaban viéndose reflejadas en la cancha, listas para jugar el partido.

¡Goooooooool!


Entonces Nolo se detuvo. Y allí, parado, se puso a pasear la pelota de un pie a otro, de uno a otro empeine, sin que ella tocara el suelo. Y los adversarios balanceaban la cabeza de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, todos a la vez, hipnotizados, clavada la vista en el péndulo de la pelota. Duró siglos aquel vaivén, hasta que Nolo encontró el hueco y de pronto disparó: la pelota atravesó la muralla y sacudió la red.

martes, 6 de septiembre de 2011

El libro de las maravillas

Portada de El libro de las maravillas, de Lord Dunsany

Título y autor/a:El libro de las maravillas, de Lord Dunsany.
Clave de lectura:Fantasías de un pionero fundamental.
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:Susurra arcanos de significado y antigüedad inconcebibles.
Música:Legend, de Jerry Goldsmith ♪♪♪

Un barco pirata navega, tensas las jarcias, por las arenas del desierto africano. ¿De qué huye? Un mago, harto de los insufribles ruidos de Londres, encarga a su acólito que le procure el ingrediente necesario para hacerlo desaparecer.

Los nómadas que intentan robar la Caja Dorada se miran entre sí aterrados, porque saben «quién» acaba de encender la luz en la cámara superior. El señor Thomas Shap, rutinario comerciante de la city, ve cómo su vida sufre drásticos cambios tras coronarse en sueños rey de Larkar.

En cierta tienda de cierto callejón, los clientes acuden a intercambiar sus males, aunque quizá no deberían alegrarse demasiado con el resultado del trueque. Un ídolo milenario, acostumbrado a que todos se postren a sus pies, comienza a sufrir celos de la nueva imagen que los sacerdotes han colocado a su lado en el templo.

Escuchemos la profecía, entre sones de arpa, sobre la eterna búsqueda de la ciudad de Carcasona. El viento nos trae nombres como Bethmoora o Poltarnees, la que mira al mar, de donde ningún hombre que haya viajado desde las tierras interiores ha vuelto jamás.

Estas son algunas de las historias ocultas tras las tapas de El libro de las maravillas, de Edward John Moreton Drax Plunkett, más conocido para el lector por su título de nobleza: el decimoctavo barón Lord Dunsany.

Cuentos breves, oníricos, subyugantes, salidos de una imaginación que comenzó a llenar los odres de lo que hoy se conoce como literatura fantástica.

Admirado por Tolkien, reconocido por el mismísimo Lovecraft como una de sus más fuertes influencias, la voz de Dunsany nos susurra arcanos de significado y antigüedad inconcebibles.

Relatos que desearemos leer con los ojos entrecerrados junto al vivificador fuego de una posada, mientras fuera… quizá algo con lo que no conviene encontrarse merodea en la oscuridad.

Esta añeja historia tenía muchos años honorables cuando los lecheros llevaban sombreros de piel de castor, su origen era todavía un misterio cuando las batas blancas estaban de moda, los hombres se preguntaban unos a otros cuando los Estuardo estaban en el trono (y sólo la Antigua Sociedad sabía la respuesta) por qué el lechero se estremece cuando divisa la aurora.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Via dell'...

Via dell'Amore en Pienza.

Es una calle que muchos buscan. A veces, deambulando por callejones que vagamente se le parecen.

Otros no. Llegan a ella de forma inesperada y simplemente entran.

Aunque hay quienes la evitan. Tienen miedo a caminar por ella.

Puede ser arriesgado, es cierto, porque nunca se divisa adónde conduce. Y la respuesta no figura en ningún mapa.

Incluso con la luz del día más transparente, cuando nada puede ocultarse detrás de las esquinas, en alguno de sus recovecos, hay quienes se asoman a ella con recelo, a través de ventanas con vidrios emplomados.

En el familiar silencio de sus casas, se saben seguros.

No abren las cerraduras. No cruzan los umbrales. No muestran la llave a nadie.

Y la vida pasa silbando como el viento. Y no vuelve atrás, jamás vuelve atrás, en Via dell'...


lunes, 1 de agosto de 2011

Uno, dos, tres

C.R. MacNamara, el gerente de Coca-Cola en Berlín Oeste, tiene algún que otro problemilla.

Su mujer suspira por que le destinen a Atlanta, la sede central de la compañía, después de haber vivido como trotamundos durante años.

Cada vez que se cruzan con él, sus empleados hacen un irritante honor a la fama de cabezas cuadradas prusianos. Taconazo al canto.

La misión comercial rusa intenta birlarle a fräulein Ingeborg, su secretaria.

Y para colmo, Scarlett, la casquivana hija del director general, a quien han dejado a su cargo, se aventura constantemente al otro lado de la Puerta de Brandemburgo para encontrarse con Otto, comunista convencido con quien se ha casado en secreto y que pretende llevársela a Moscú.

Ahí es donde se demuestran las dotes de mando, en las situaciones críticas.

Uno: conseguir el ascenso y que le trasladen a Londres, Atlanta es sólo para fracasados.

Dos: atender debidamente a su secretaria, añadiendo «gabelas» a su sueldo, como ese modelito de alta costura que la tiene encandilada.

Tres: convertir al fiel seguidor de las consignas del partido a las mieles del capitalismo. Quizá, si le hiciera pasar por un refinado aristócrata, calmaría el disgusto de sus suegros.

En Uno, dos, tres, Billy Wilder nos regala una obra maestra. A base de humor inteligente, se mofa de todo y de todos: la guerra fría, la incorruptibilidad de «los ideales», los tópicos alemanes, rusos, norteamericanos...

Tiene frases memorables, como cuando Scarlett, que está embarazada, discute con Otto sobre el porvenir de su vástago:

Cuando cumpla dieciocho años dejaremos que decida qué quiere ser, si un capitalista o un comunista rico.

Y, por supuesto, no podemos pasar por alto la secuencia sobre técnicas de negociación empresarial al animado ritmo de la Danza del sable de Khatchaturian. Simplemente, disfrutemos...



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lunes, 25 de julio de 2011

En la Armada

Buque de guerra y pescador.

Venga, a ver quién de los dos pesca primero un submarino...


lunes, 18 de julio de 2011

Una mente maravillosa

La crítica más recurrente que le hacen a James Horner es su «autoinspiración». Aparte de inspiraciones ajenas, como la familiaridad entre uno de los temas principales de Willow y la Sinfonía Renana de Schumann, por ejemplo.

Resulta indiscutible reconocer varios leitmotiv en más de una banda sonora del premiado compositor. Por ejemplo, esa secuencia de cuatro notas que indica «peligro cerca» y que nos pone a todos automáticamente en alerta.

Sus defensores aducen que lo hace aposta. Sería imposible no notarlo, así que debe de ser un efecto buscado. El porqué ya pertenece al reino de la especulación psicológica (o quizá al de la comodidad de cobrar el cheque).

La polémica se repite entre las músicas de El hombre bicentenario y Una mente maravillosa.

Aun así, yo al menos no puedo decir otra cosa: a mí me gusta. Con los juegos de la voz, esas figuraciones de las maderas, la entrada del piano, de las cuerdas…



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lunes, 11 de julio de 2011

El corazón de las tinieblas

Portada del libro El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad

Título y autor/a:El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad.
Clave de lectura:El horror, el horror...
Valoración:✮✮✮✮✮
Comentario personal:Inolvidable.
Música:The End, de The Doors ♪♪♪

El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, es una lectura inolvidable.

Charlie Marlow relata lo que ocurrió años atrás a bordo de un bote de vapor. Su misión era remontar el río Congo para encontrar al señor Kurtz, tratante de marfil.

Las imágenes acuden vívidas a su mente, como si de nuevo se encontrara allí.

Kurtz... Personaje misterioso y admirado. Nadie había conseguido antes unos resultados comerciales tan espectaculares. Y tampoco nadie pregunta de qué manera lo hace.

Una selva brutal y profunda se abre a proa y se cierra de nuevo nada más pasar.

Van quedando atrás las factorías en las riberas, habitadas por colonos que deben enseñar a las hordas de nativos a abolir sus bárbaras costumbres.

Colonos que, según avanzan hacia el interior, muestran cada vez más signos de agotamiento. Físico y sobre todo... moral.

Y el nombre de Kurtz continúa creciendo, inmenso, como el de un dios esperándolos en su destino.

Hasta que, una vez alcanzado, lo que encuentran allí es...


No había consejos prácticos que interrumpieran aquella mágica corriente de frases, a no ser que una especie de nota al pie de la última página, garabateada evidentemente mucho más tarde, con mano temblorosa, pueda considerarse como la exposición de un método. Era muy simple y, tras toda aquella emocionada apelación a todo tipo de sentimientos altruistas, te dejaba atónito, te cegaba, y era aterradora, como un rayo en un día despejado: «¡Exterminar a todos los salvajes!».