jueves, 21 de mayo de 2026

El esclavo

Portada del libro El esclavo, de Isaac Bashevis Singer

Título y autor/a:El esclavo, de Isaac Bashevis Singer.
Clave de lectura:Jacob y Wanda se adentran en un mundo de intolerancia.
Valoración:✮✮✮✮✮
Comentario personal:Gran novela, así de sencillo.
Música:Lullaby for Kamila, de Nigel Kennedy & Kroke ♪♪♪

El esclavo es una gran novela, así de sencillo. Podría buscar calificativos más sutiles o quizá más rotundos, pero difícilmente más adecuados.

Isaac Bashevis Singer recrea un mundo donde las idealizaciones sirven de poco: es sucio, es cruel, es ignorante... Lo habiten judíos o cristianos.

Las guerras no descansan y Polonia se encuentra en medio. Suecos y moscovitas asolan el reino. Los cosacos masacran a las comunidades hebreas.

Jacob consigue escapar a la matanza, aunque pierde a su familia. Es vendido a unos campesinos para cuidar el ganado; mientras no aparezcan el hambre o las epidemias, lo dejarán vivir.

Allí conoce a Wanda, la hija de sus dueños, una joven también viuda que se enamora de él. Algo que tanto gentiles como seguidores de la ley mosaica impiden y castigan.

Jacob intenta comprender los designios del Creador. ¿No triunfa el mal en todas partes? ¿No pecan aquellos que rezan y luego roban, calumnian y buscan la caída de los demás?

¿Es culpable ante los ojos divinos por corresponder a Wanda? ¿No son las filacterias y mantos rituales tan ajenos a los sentimientos como imposibles de rechazar?

Rescatado tras años de cautiverio, no consigue olvidarla: acude a la aldea de incógnito y ambos cruzan los bosques. Bajo el nombre de Sara y fingiéndose muda, puede que en los dominios del conde Pilitzky tengan alguna oportunidad.

Jacob, no me dejes más, Jacob, resuena en sus oídos. Pero será un nuevo comienzo marcado por el miedo de siempre. Cualquier pequeño descuido y...

La escritura de Singer resulta tan hermosa como efectiva. No se pierde, no da vueltas en círculos, quiere narrar lo que narra y lo hace como un nobel.

Su historia trata de penumbras, no solo las que cubren manifestaciones externas, sino en el propio espíritu de los personajes. Amos y siervos, rabinos, sacerdotes, soldados, estudiantes, comparten intolerancia por igual.

¿Existe espacio, sin embargo, para una lejana luz?


Los mendigos lo perseguían, tirándole de la chaqueta, bendiciéndole y maldiciéndole. Le abucheaban, le escupían y le tiraban piojos. Apenas podía zafarse de ellos. ¿Dónde estaba Dios? ¿Cómo podía permanecer en silencio ante tanta necesidad? A no ser que, Dios nos libre, a no ser que... no hubiera Dios.

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