lunes, 18 de mayo de 2026

De reyes, reinas y otros héroes (XXIII)

Dragón

Su madre se irritaba ante cualquier huella de tizne en la pared. Quiero una cueva reluciente, ¿me oyes? Y más valía hacerle caso, con ese genio suyo de mil lagartos; por eso vive tras la cascada.

Siempre ha sido alguien de costumbres. De jornadas donde reina el orden.

Por la mañana se despereza, se limpia los dientes —¡esos caninos, orgullo familiar!— y practica ejercicios de calentamiento. La llama amarilla, no bermeja ni azul, sonríe al recordar las lecciones. A continuación sale a su ruta habitual.

Primero visita las granjas del oeste: un par de reses para el desayuno, con su correspondiente cubo de leche.

Después las del norte —¡qué ricas ovejas!—, las del este —patos y ocas— y las del sur —torreznos, su única concesión a la dieta—. Si mamá le viera comiendo chuches...

Por fin llega a palacio, mata el gusanillo con algún alabardero y encarga al maestresala el menú de tarde: doncella con trenzas en su jugo y guarnición caballar. Ah, la gualdrapa que sea de seda, el tacto del lino le raspa. Pueden hacer la entrega a domicilio.

De regreso le espera una buena siesta. Orden, orden, orden.

Pero hoy... Al abrir los ojos, una silueta distinta se recorta en la cortina de agua. Qué raro, no le llega aroma a doncella, aunque sí un toque picantito de alazán. ¿Y eso que apoya en el estribo? ¿Una lanza?

Se incorpora y acude al umbral con pasos lentos. ¿Tú quién eres?, pregunta asombrado. ¿Dónde está el pedido?

Soy el nuevo repartidor, le contestan. Me llamo Jorge.


Entradas relacionadas:

No hay comentarios: