Algo parecido al Yakety Sax de Boots Randolph.
¡Un descanso, por favor!
Música, libros, fotos, historias, pensamientos, ficciones, viajes y qué sé yo cuántas cosas más...
Algo parecido al Yakety Sax de Boots Randolph.
¡Un descanso, por favor!
Hoy es un buen día para comentar la novela Astrid y Veronika, de Linda Olsson.
Veronika es una joven escritora que, tras perder a su novio en un accidente, se instala en una casa de campo del interior de Suecia.
Su vecina Astrid es una mujer mayor que prácticamente nunca ha salido del pueblo y que no habla con nadie.
En apariencia, ambas tienen poco en común, excepto la búsqueda de la soledad.
Y sin embargo, será eso mismo lo que las una de forma imprevista, iniciando una relación amistosa que entrelazará sus respectivos pasados, sus recuerdos y emociones ocultas.
Porque, cuando alguien nos ayuda a sacar nuestros secretos a la luz, puede hacer que cambie nuestra vida.
Tras este argumento encontramos una obra muy bien escrita. Los personajes son de carne y hueso, y la descripción de todo lo que pasa por su cabeza y de sus reacciones resulta absolutamente verosímil.
Seguí con agrado el ritmo intimista de la historia hasta el final, y por ello no tengo dudas en recomendarla.
Douglas Quail acude a una compañía especializada en implantar recuerdos artificiales pero totalmente vívidos, como los de verdad. Contraviniendo las advertencias de su mujer acerca de gastos inútiles en la economía familiar, desea tener conciencia de una temporada en Marte, en el papel de agente secreto.
Todo va bien hasta que los técnicos se encuentran con un problema inesperado: parece que Quail ya hubiera estado antes en el planeta rojo y que alguien le hubiera bloqueado esa parte de la memoria. A partir de entonces, ¿en quién podrá confiar? Para empezar, su mujer... ¿es realmente su mujer?
Si estáis familiarizados con el argumento es quizá porque habéis visto la película Desafío total, con Schwarzenegger en la piel del esforzado héroe. No obstante, se trata originalmente de un relato escrito por Philip K. Dick, Podemos recordarlo todo por usted, que confirma a este visionario autor como una de las más caudalosas fuentes de ideas para guiones de Hollywood.
Disfrutad con los impactantes sones de Jerry Goldsmith surgiendo de los altavoces.
Géza Csáth era primo de mi admirado Dezső Kosztolányi, lo que significa genes familiares de gran escritor. Además componía música, tocaba el piano y el violín, pintaba, era médico, psiquiatra...
En el prólogo a El diario de Géza Csáth, título bajo el que se han publicado sus fragmentadas memorias, se señala que fue un autor prohibido en Hungría durante la época comunista, debido a su catalogación como «burgués decadente».
En realidad, más que decadente, lo que ocurrió es que no estaba bien de la cabeza. Este libro es una descripción en primera persona de su proceso de locura.
Comienza cuando se instala en la consulta del balneario de Stubnya, donde cualquier paciente, enfermera, camarera, visitante, madre, hija, sobrina, soltera, casada, viuda, era incapaz de resistirse a su pasión. Aparte de su prometida oficial y futura esposa, claro está.
Página a página, sigue relatando la gran juerga. Y no tarda mucho en hacerse visible una coprotagonista: la morfina.
Sin problemas para conseguir la droga, dada su profesión, Csáth se convierte en un yonqui antes de que se hubiese inventado la palabra. Cada vez más dosis, cada vez placeres más desaforados...
Al final, paranoico perdido, mata a su mujer y se suicida.
Un señor complicado, por decirlo suavemente.
Hoy, una vez más, reclama la noche
el tributo que le niegan mis ojos.
Malherido de oscuridad,
me arrebata por fin su memoria.
A tu sombra sin cuerpo estoy atado.
A tu sombra sin cuerpo, a tu ausencia
que es presencia cierta,
a esta sombra que eres tú, hecha de aire
que no puedo respirar,
que no puedo tocar,
silente,
que nunca responderá si la llamo amor.
Descansas ahora, tan inmóvil,
que para no despertarte
mi pecho se ha detenido.
Contemplo a ciegas tu rostro,
cada mínima curva, la más pequeña
huella de una sonrisa tuya
que explique el porqué del mundo.
Te beso.
Y en el último momento,
en la última oportunidad antes
del alba,
de que leve te desvanezcas,
del adiós,
será el recuerdo de ese beso, de tu sombra,
de lo que no ha ocurrido,
lo que me devuelva
de nuevo la vida.
Inmensa plenitud
de ti.
En La ignorancia, la verdadera protagonista es la memoria.
Mejor dicho, las diferentes caras de la memoria. Porque los mismos hechos tienen significados dispares para cada personaje.
Irena y Josef se cruzan en el aeropuerto de París, tiempo después de su primer encuentro de juventud. Son dos exiliados checos que viajan a Praga tras la caída del muro. Un lugar del que las calles y hasta la forma de hablar de la gente les parecen ahora ajenas.
Ella reconoce a aquel hombre que una vez la miró intensamente en una cervecería. Él no la recuerda en absoluto, pero no se atreve a confesárselo.
Irena está ilusionada. Quizá pudiera ocurrir algo entre ellos al fin. Quedan en llamarse para salir a cenar la noche anterior al vuelo de regreso.
Hasta entonces, cada uno recorrerá de nuevo su vida, las personas que han dejado atrás, las sensaciones, los detalles en apariencia insignificantes que los han convertido en quienes son. ¿Y quiénes son en realidad?
Milan Kundera... Escritor de los que se elevan por encima de la mayoría. De esos elegidos que, incluso cuando producen una obrita «menor», nos regalan algo especial.
¿Se me nota la admiración? Pues eso.
La luz.
Detrás de mí,
o delante, o a un lado,
o quizás al otro, no estoy seguro
(estaba ebrio,
ebrio de vida).
La luz.
Tan cerca,
que casi hubiese podido
tocarla,
arder,
consumirme en ella.
La luz.
Difuminándose
paso a paso,
dejándome aquí,
vacío, sin nada,
sin nada.
La luz.
En La cabeza de mi padre, Kalman Barsy nos presenta a una familia húngara que emigra a Argentina. Y a continuación relata de qué manera afecta esa nueva vida a cada uno de sus miembros.
Zoltán, el padre, transmutado en Zoilo, añorará hasta el fin de sus días los picantes sabores culinarios que la esforzada madre no puede reproducir con los ingredientes locales.
El hijo mayor, Laci, de espíritu aventurero, se convertirá en el modelo cuya memoria planea sobre su hermano Attila.
Y este, el narrador, favorablemente dispuesto a las costumbres del país de acogida, será no obstante considerado con displicencia por quienes consideran que «húngaro» y «gitano» vienen a ser lo mismo.
Una novela estimable que gira alrededor de dos ideas: el sentimiento de pertenencia a un lugar y la falta de reconocimiento a los esfuerzos cuando se vive bajo la sombra de alguien más popular.
Para todos, a un lado y otro de la mar, un saludo.
En una galaxia muy, muy lejana...
John Williams hizo nacer una música que siempre nos dará fuerza.
Recuerdos.
Hay ciertos momentos en que cerramos los párpados del presente, abrimos a cambio los ojos del alma y respiramos y vivimos...
De recuerdos.