miércoles, 12 de marzo de 2014

Los solteros

Un título rotundo de Muriel Spark, con efecto de llamada al ávido lector: Los solteros.
–¿Pero quieres casarte o no?
–No puedo decir que sí –dijo Matthew antes de sorber el té, que con el método de Ronald se había enfriado–. Todos tenemos el deber de casarnos. ¿No es así? Hay dos caminos en la vida: el sacerdocio y el matrimonio. Y hay que elegir.
–¿De veras crees que es necesario? –dijo Ronald–. A mí me resulta evidente que no es obligatorio elegir una de esas opciones. Estamos hablando de la vida. No es un juego.
–Sólo estoy repitiendo lo que me han enseñado en la iglesia –dijo Matthew.
–No es una doctrina oficial del todo –dijo Ronald–. No hay una ley moral que prohíba ser soltero. No exageres, por favor.
–Pero uno no puede pasarse la vida entera acostándose con chicas y confesándose luego.
–Eso es una cosa muy diferente –dijo Ronald–. Eso es puro sexo. Aquí estábamos hablando del matrimonio. Tú quieres tener una vida sexual pero no quieres casarte. No se puede tener todo.
–Al final no tendré más remedio que casarme –dijo Matthew, la mirada perdida en las hojitas de té que se mecían en el fondo de su taza–. El único modo que tengo de eludir el sexo es confesándome y renovando mis votos de castidad cada semana, aunque no siempre funciona.

Quizá el rasgo más destacado de esta novela sea su estilo cien por cien british. Es decir, que la manera de contar, de dar vida a los personajes y las situaciones, el ambientillo, es marca registrada de autores de la isla. Como ver una serie de la BBC en la tele, vamos.

En concreto, me gusta el fino humor que impregna cada página como la niebla en Piccadilly, y que sin mover a abierta carcajada, sí nos empuja con buen cuerpo tras las andanzas de un grupo de solteros londinenses, algunos empedernidos, irreductibles, y otros que se debaten entre continuar en ese estado civil o catar las mieles del matrimonio.

Las vidas de todos ellos irán convergiendo en espiral hasta acabar reuniéndose en la sala donde se ha de juzgar a Patrick Senton, por fraude y falsificación. Ay, aquel "desafortunado incidente" ocurrido con la señora Flora…

Fácilmente recomendable.
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