El mito de las "mujeres malas" es antiguo. Por ejemplo, en el bíblico libro de los proverbios se dice que "el mandamiento es lámpara y la enseñanza es luz, y camino de vida las reprensiones que te instruyen, para que te guarden de la mala mujer, de la blandura de la lengua de la mujer extraña. No codicies su hermosura en tu corazón, ni ella te prenda con sus ojos; porque a causa de la mujer ramera el hombre es reducido a un bocado de pan; y la mujer caza la preciosa alma del varón." Cuidadín, cuidadín, compañeros, que los seres perfectos de la creación, los de pelo en pecho, estamos en peligro de que nos desmenucen en miguitas si no nos andamos con ojo. El caso es que recientemente terminé de leer Las tinieblas, de Leonid Andréyev. Y Liuba, la protagonista femenina, tan ligera de cascos como para correr el Grand National, tiene una importancia señera en hacer que se tambalee la existencia de su obligado cliente ocasional, Alexéi.
–Pero, ¿por qué eres tan bueno? –preguntó la muchacha con un deje irónico.
Pero él, sin comprender la ironía, respondió seriamente:
–No lo sé. Probablemente porque he nacido así.
–Pues bien, yo he nacido mala. Y, sin embargo, los dos hemos venido al mundo de la misma manera, con la cabeza para adelante. ¿Qué tienes que decir a eso?
Sumido en sus reflexiones, él no prestó atención a aquellas palabras. Examinando el fondo de su alma, todo su pasado, que veía ahora con tanta claridad en toda su simplicidad y en todo su heroísmo, continuó:
–Ya ves, tengo veintiséis años, mis cabellos empiezan a encanecer y, sin embargo, hasta aquí... –Buscaba palabras, pero acabó su pensamiento con firmeza, aun con orgullo–: Hasta aquí no he conocido mujeres. Pero en absoluto, ¿entiendes? Tú, tú eres la primera mujer que he visto de esa manera. Y para decirte la verdad, me da un poco de vergüenza mirar tus brazos desnudos...
La música llenó de nuevo toda la casa, y el suelo temblaba bajo los pies de los que danzaban. En el salón, alguien, probablemente borracho, gritaba muy fuerte, como si condujera un tropel de caballos furiosos. Pero en el cuarto de Liuba reinaba un silencio melancólico. En la nebulosidad rosácea se percibían pequeñas volutas de humo de cigarrillo.
En realidad, empecé y terminé el mismo día, pues se trata de un volumen breve, dedicado a un solo relato, que probablemente agradecería el acompañamiento de otros cuentos de su autor para no dejarnos con apetito. Alexéi es un revolucionario en la Rusia de los zares, que en breve va a arrojar una bomba. Pero, con el aliento de la policía en el cogote, rodeado de espías y confidentes, necesita descansar unas horas en lugar seguro, si no quiere fracasar en su misión. Para ello, se le ocurre entrar en una casa de lenocinio, alquilar los servicios de una de las chicas y utilizar la cama de forma poco convencional: para dormir. Su desventura llegará al elegir a Liuba, que se revela como una criatura bastante rara, con carácter y reacciones peculiares, y que busca a alguien "bueno" como meta vital. ¿Será él el esperado, con su revólver en el bolsillo y que nunca ha catado labios de mujer? ¿Qué efectos tendrá en ambos ese encuentro?Diferente, creo que es la mejor definición. Nada que ver con las historias tipo "dama de las camelias", donde un amor sincero viene a redimir a la heroína de su vida anterior. Mordaz y desesperanzado, tiene el estilo típico de Andréyev, de quien dice su biografía que llegó a ser muy popular antes de su temprana muerte en 1919. Ya habían pasado por mis manos otros títulos suyos que me reservo para comentar en el futuro, y como ellos, Las tinieblas entra sin problemas en la categoría de recomendable.
Y nada más. Procurad que no cacen vuestra alma...





