Valoración: Bueno ✮✮✮✮✩
Música: Lo gens cors honratz, de Gaucelm Faidit ♪♪♪
En el conjunto de la obra de Joseph Roth, Las ciudades blancas es un libro pequeño tanto por su brevedad como por su importancia relativa. Habría de tardar muchas décadas en ser publicado tras su gestación.
Después de la Gran Guerra, el autor viaja a la Provenza. Huye de un mundo gris y devastado. Quiere conocer Lyon, Vienne, Tournon, Aviñón, Les Baux, Nimes…
Entra en ellas y recorre sus calles, sus plazas, sus monumentos. Observa a quienes las habitan. Camina por el tiempo, por el presente y el pasado.
Y escribe. Escribe…
Lo que ve y lo que siente.
Las voces de los antiguos romanos, las canciones de los trovadores medievales, la poesía de Mistral…
En general, aquí no resulta difícil amar. El amor se coge al borde del camino. Crece en abundancia como los frutos más exquisitos. La tierra está llena de jugo y de energía. El arbusto los alimenta a todos. Se puede dormir al raso. ¿Aunque alguien quizá anhele un techo? Todo el mundo tiene el sol. ¿Aunque alguien quizá llore por un poco de sombra?
Ecos que aún resuenan en lugares donde «cada persona, joven o vieja, lleva cinco razas en su sangre, y cada individuo es un mundo de cinco continentes». Donde «todos entienden a todos y la comunidad es libre, no obliga a nadie a adoptar una postura determinada».
Y gracias a un libro tan pequeño, nuestra ilusión se hace un poco más grande.