sábado, 26 de noviembre de 2011

Intimidad

Clave de lectura: ¿La quiero? ¿No la quiero? ¿Me quedo? ¿Me voy?
Valoración: ✮✮✮✩✩
Comentario personal: Se atasca un poco.
Música: The Winner Takes It All, de ABBA ♪♪♪
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Portada del libro Intimidad, de Hanif Kureishi.

En su novela Intimidad, Hanif Kureishi viene a darle el milésimo repaso a ese tema tan sencillo y tan complicado de las relaciones de pareja.

Todo comienza, en palabras de Jay, el protagonista, «la noche más triste». Dentro de unas horas, cuando su esposa Susan vaya a trabajar, piensa abandonarla a ella y a los niños.

¿Se atreverá a hacerlo? ¿De qué manera siente él un matrimonio que para nadie más presenta síntomas de crisis? ¿Es que ya no se aman?

Las preguntas van sucediéndose. Recuerda, duda, razona, intenta justificarse a sí mismo, porque no está seguro de si las causas en realidad existen o es que simplemente todo en la vida ha de tener un comienzo y un final.

Con estos mimbres ya se anticipa cierta densidad en la trama, a riesgo de que a veces se convierta en un pequeño lío, con excesivos giros sobre las mismas ideas.

O quizá sea Kureishi quien busca ese efecto de forma premeditada, para trasladarnos la confusión que atormenta al personaje.

¿Ve ella algo diferente en mi cara hoy? ¿Ya me he puesto en evidencia? Debo de parecer hundido. Normalmente, antes de verla me preparo dos o tres posibles temas, como si nuestras conversaciones fuesen exámenes. El caso es que me acusa de que cuando estoy con ella no abro la boca. Si supiera cómo tartamudeo interiormente.

En cualquier caso, a mí me costó un poco zambullirme, aunque reconozco que la obra tiene sus virtudes. De hecho, el librero me felicitó por haberla elegido cuando la compré.

Nada más por hoy.


lunes, 21 de noviembre de 2011

Cómo me quedé calvo

Clave de lectura: Otro que quiere enamorarse locamente.
Valoración: ✮✮✮✩✩
Comentario personal: Aprobadillo justo.
Música: Tritsch Tratsch Polka, de Johann Strauss hijo ♪♪♪
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Portada del libro Cómo me quedé calvo, de Arnon Grunberg.

Presentemos a Marek, el personaje principal de Arnon Grunberg en su novela Cómo me quedé calvo.

Marek es un poeta y estudiante de filosofía que anhela experimentar un amour fou, loco, total, desatado, en el que su fuego vital roce el infinito.

Como todo el mundo, claro.

Pero, aparte de la timidez, va a tener ciertos problemillas. El primero es de imagen: la progresiva alopecia. Y el segundo, bastante peor. Su... su... eso... no está en proporción con el resto de su cuerpo. Una cuestión de centímetros.

Así comienza un relato de desventuras con continuos saltos en el tiempo, entre el presente y los años en que las ondas castañas aún adornaban la cabeza del protagonista.

Los demás miembros de la familia, padre, hermanos y madrastra, tampoco le ayudan mucho, inmersos en sus propias rarezas. Y el ambivalente recuerdo de su madre, desaparecida al resbalar durante una excursión alpina, le acompaña como una sombra.

¿Conseguirá conocer a la chica de sus afanes?

En el primer encuentro ya me tortura la idea de decepcionar a la otra persona. La tortura es de tal calibre que la cosa suele quedarse en un primer encuentro. Si deseo a la otra persona, lo sufro en silencio. Y preferiblemente a mil kilómetros de distancia o veinticinco años después. O mejor aún, con la muerte de por medio.

Sin que me parezca malo, tampoco creo que funcione al cien por cien. Va desinflándose cuando aún quedan un montón de páginas por delante y ni siquiera el misterio sobre la muerte de la madre trae de nuevo expectación.

Resumiendo, un aprobadillo para premiar el original planteamiento de inicio.