sábado, 27 de septiembre de 2014

Plan para el fin de semana

Mi amiga me preguntó si iba a hacer algo especial el fin de semana.

Y yo le contesté estremeciéndome, sintiendo por anticipado el placer que me aguardaba. Mi plan era pasar toda la mañana del sábado en la cama con… con… el segundo tomo de las aventuras de Hellboy.

Me había quedado la noche anterior cuando el homúnculo Roger absorbe al gusano escapado de la prisión dimensional y la cabeza voladora de von Klempt aparece para no sé exactamente qué, mientras Hellboy duda si hacer explotar a su compañero por si acaso el gusano gana, y Bogavante Johnson, que tampoco está del todo claro de dónde sale, porque ya estuvo en el castillo de los nazis en el 39 y de eso han pasado sesenta y un años, va a cargarse a la nieta de von Klempt recién transformada en extraterrestre con pinta de rana, por traicionar a la Agencia de Investigación y Defensa Paranormal.

La cosa estaba que ardía, vamos.

Un plan de finde imbatible.


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martes, 16 de septiembre de 2014

Mozo...

−Hay que ver, lo guapo y lo buen mozo que estás hecho.

Esa es una de las cosas más raras que te pueden decir cuando vas unos días de visita al pueblo. Y menos mal que no lo acompañan de un pellizco de mofletes. Porque, por mucho que mami se ilumine de orgullo cuando escucha hablar así de su retoño:

a) Lo de guapo será de broma, ¿no? Vamos, según cualquier estándar artístico conocido, desde el grecorromano al neoexpresionista.

b) Y señora... Que cuando yo era mozo estaban echando Norte y Sur por la tele...



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domingo, 7 de septiembre de 2014

En el metro (V)

Yo la llamo la chica rara.

No es verde y con antenas, pero...

Resulta que una vez estaba yo tan tranquilo esperando el metro, leyendo sin meterme con nadie, cuando apareció ella y se puso justo a mi derecha. Hasta ahí, vale.

De repente cruzó por delante. En un andén casi vacío, y yo de pie cerca del borde, ya fueron ganas por su parte de pasar a una distancia que invadía mi cinturón de Van Allen. ¿Qué quería, que pegase un brinco?

Ahora la tenía a la izquierda. No, no, detrás de mí. Un momento, de nuevo a la derecha.

Tras una vuelta de órbita completa alrededor de mi persona, se me quedó mirando.

Y si hacer todo eso no es de marcianos, pues no sé de qué otro planeta será. A lo mejor es que estaba aquí de visita, me confundía con John Carter de la Tierra y efectivamente hubiera tenido que ponerme a dar saltos...



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