"Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles" (Bertolt Brecht).
No conoceréis Wukro, claro. ¿Y quién sí? Se trata de un lugar pobre, por definirlo de manera simple. Un lugar que sufre de ciertos problemillas crónicos, como por ejemplo el hambre. Una situación que hay quien trabaja para cambiar.
He leído esta semana Donde anidan los ángeles, de Vicente Romero, una obra de las que fácilmente quedan en la memoria. El subtítulo describe bien el contenido: Historias de la lucha contra la injusticia. El autor va desgranando sus viajes a Etiopía, Camboya, Angola, Mozambique, Burundi o Bolivia, para entrevistarse con ciertas personas que lideran iniciativas de justicia social. Por ejemplo, misioneros como Ángel Olaran o Nicolás Castellanos. También gente de origen heterogéneo, que puede haber surgido de la misma esclavitud, como Somaly Mam; de las cárceles, como Juan Carlos Quintanilla; o incluso de la vida acomodada, como Maggie Barankitse. Todos tienen un punto de partida común: un reconocimiento de que el mal medra cuando no encuentra adversario, o cuando éste es sólo la indiferencia, pero que a través de la solidaridad puede batirse en retirada.Hay muchos ejemplos del mal en estas páginas: niñas violadas por pederastas, niños a quienes unos "soldados" de pesadilla han cortado las manos, niños que son ellos mismos soldados autómatas, niños que topan con minas enterradas hace décadas, niños que heredan el sida, niños huérfanos sin esperanza de futuro, niños para quienes derramar accidentalmente la papilla de su tartera es la mayor tragedia...
Una línea muy delgada por la que transita Romero es el peligro de caer en el sermón, en el panfleto, en machacarnos con la idea de lo parásitos que somos unos pocos sobre la mayor parte de la población del planeta. Si se abusa de esta estrategia, suele tener el efecto contrario: el de ponernos a la defensiva. Dicho lo cual, me parece que sortea bastante bien ese riesgo. No se trata de un relato apocalíptico, no es extremista, no pretende una imposición ideológica. Es más bien una narración reflexiva, sin más adjetivos centelleantes que los justos, y con tono "serenamente indignado".
Y no podíamos decirle hola al fin de semana sin algo musical: Cita con ángeles, de Silvio Rodríguez, viene que ni pintada. Disfrutadla.

