Valoración: ✮✮✮✮✮
Comentario personal: Estupenda obra de un estupendo escritor.
Música: El Moldava, de Bedrich Smetana ♪♪♪
Hoy nos visita un escritor de los buenos, buenos de verdad: Bohumil Hrabal, representado por su novela Trenes rigurosamente vigilados.
El protagonista, Milos, se reincorpora al servicio ferroviario después de una temporada bajo observación psiquiátrica. Tiene novia, la revisora Mása, pero su primera experiencia íntima fue un desastre debido a que «se quedó mustio como un lirio», lo cual le condujo a un frustrado intento de suicidio.
No sufre el mismo problema su compañero de trabajo, el factor Hubicka, como demuestra en colaboración con la radiotelegrafista Zdenka, a quien estampa en el trasero los entintados sellos de la estación.
El asunto trasciende, llega a altas instancias y, dado que se trata de sellos oficiales, el mismísimo director de los ferrocarriles del Estado crea una comisión para examinar el «cuerpo de delito». Hay que tomar las pertinentes fotografías.
Por su parte, el jefe del lugar, colombófilo empedernido que anda de aquí para allá cubierto de palomas, teme que los escándalos de sus subordinados perjudiquen sus posibilidades de ascenso a inspector.
También debe evitar cualquier maniobra errónea con las agujas que pudiera retrasar en lo más mínimo la marcha de los trenes militares alemanes hacia el frente, ya que sería considerada como acto de sabotaje por los poco simpáticos SS que los escoltan.
Junté los tacones y saludé, pero ellos me metieron, cada uno desde un lado, el cañón del arma entre las costillas y tuve que subir por la escalerilla de la máquina y el tren se puso en movimiento. Y me llamó la atención, los dos SS eran hermosos, más bien como si escribieran versos o fueran a jugar al tenis, pero ellos estaban de pie junto a mí en la locomotora; junto al ingeniero Honzík estaba el comandante del transporte, un capitán con el gorro de los guardias de montaña austríacos; tenía una herida cicatrizada a lo largo de la cara, que le atravesaba la boca y seguía por la barbilla […].
Y finalmente entra en juego la resistencia checa, cuyo objetivo es precisamente cortar el vapor de las locomotoras enemigas.
Tragicómica, con el ominoso escenario de las desgracias de la guerra planeando en todo momento sobre los personajes, pero con un humor no menos omnipresente, mi impresión es entusiasta. ¡Obra de bandera!
Así que no olvidéis meter a Hrabal en el equipaje. Hará vuestras delicias en medio de cualquier traqueteo de vía ancha o estrecha.
¡Pasajeros, al tren!