¿De donde vendrá la prosapia de mi linaje, la hidalguía de mi estirpe, la nobleza de mi sangre? ¿O no tengo de eso?
Nada, nada, no me puedo quedar con la duda. Voy a ver qué encuentro en Internet sobre mis apellidos.
Veamos: aquí leo que el primero es de etimología prerromana. Sus primeras referencias modernas surgen en la Navarra de los siglos VIII-IX, de donde pasó a Asturias, León y Castilla antes de desparramarse por todo el orbe.
Pues me imagino a mi ancestro como un tipo con barba y bigotones, escaso conocimiento de los baños, polainas de piel de lobo y espadón en ristre. Le tiene el ojo echado a mi tataratataratatarabuela, una tal Cunigunda...
Para el segundo, el heredado por vía materna, hay discusión sobre si es de origen catalán o gallego. Pero vamos, lo importante es la cota de armas con azur, sable y gules, que nadie piense que acabamos de bajarnos del árbol.
Quien defiende la primera propuesta, la catalanidad, indica que uno de sus miembros recibió el título de ciudadano honrado en Gerona.
Ese debía de ser el de los míos, ese. Aunque a poco que su época se pareciera a la nuestra, darle tal premio debía de ser como motejarle de tonto del pueblo.
El tercero es interesantísimo. ¿Pues no dice, de acuerdo con ciertas versiones, que desciende de la realeza? De Alfonso IX de León.
Parece que no se llevaba bien con su primo, el rey de Castilla, y por eso no compareció en las Navas de Tolosa. Sin embargo, reconquistó Extremadura él solito (en realidad iba detrás de la hueste, que las armaduras pesan de lo lindo).
Por fin, el cuarto apellido es asturiano por arriba y por abajo, por delante y por detrás. Según un manuscrito, trescientos miembros de la familia estuvieron en Covadonga.
Andarían en el pomar recogiendo manzanas y de repente vieron llegar a la morisma, a quienes sus costumbres no les permiten beber sidra ni catar el chorizo de jabalí. Hala, a la batalla, que tocaduras de gaita las justas.
Total, que si alguna vez llego a tener descendientes que continuaran la saga, que sepan que tienen que bañarse a menudo, porque ya no son los tiempos en que nació el primer apellido. Que no deben sablear nunca a nadie, para hacer honor al segundo. Que tengan en cuenta la opción de Urraca o Berenguela para nombrar a mi hipotética nieta, recordando al tercero.
Y por el cuarto, ¡puxa Asturies!


