domingo, 6 de julio de 2014

El lobo estepario

Fue en un cumpleaños cuando una amiga me lo regaló por primera vez, en su lengua original. Como dedicatoria, me escribió que todos tenemos algo de él en nuestro interior.

Más adelante recibí como presente la versión traducida, que también honraron con sus autógrafos varios amigos. Estaba encantado con Hermann Hesse, así que hala, a la buchaca.

La tercera ocasión que alguien puso en mis manos el mismo título, ya empecé a extrañarme. Entre tantos millones donde elegir… ¿Había quizás un mensaje subliminal por parte de los donantes? ¿Es que acaso les recordaba a Harry Haller?
Una vez pude observarlo toda una velada en un concierto sinfónico, en donde, para mi sorpresa, lo vi sentado cerca de mí, sin que él se diera cuenta. Primeramente tocaron algo de Händel, una música noble y bella; pero el lobo estepario estaba en su butaca abismado en sí mismo, sin conexión ni con la música ni con cuanto lo rodeaba. Ausente, solitario y extraño, estaba sentado con una expresión fría, pero llena de preocupaciones, y mirando en el vacío. Luego vino otra pieza, una pequeña sinfonía de Friedemann Bach, y entonces vi con asombro cómo a los pocos compases mi forastero empezaba a sonreír y a entregarse, se reconcentró dentro de sí y durante diez minutos apareció tan dichosamente abstraído y entregado a ensueños tan venturosos, que yo atendía más a él que a la música.

Harry Haller ha desaparecido sin dejar rastro. El sobrino de la patrona a quien tenía alquilada su habitación rememora quién parecía ser. Una persona seria, cabal, socialmente respetable. Apenas queda un manuscrito con sus memorias. En la portada se advierte: Sólo para locos.

Harry ha viajado mucho, ha leído mucho, ha asistido a innumerables conciertos. Todo ello ha proporcionado un sentido a su existencia.

Sin embargo, de manera inesperada, al poco de llegar a la ciudad empieza a experimentar aficiones diferentes. Como si hubiera perdido el sentido del ridículo, comienza a salir por las noches, a frecuentar extraños espectáculos, restaurantes, salas de fiestas…

Hasta que llega el momento de asistir al gran baile de máscaras. Y al Teatro Mágico, donde la entrada cuesta la razón.

¿Es por seguir la moda de los desatados años 20, justo después de la catástrofe, justo antes de la barbarie?

¿O es que ha conocido a Armanda?

Y aquí paro de contar, por si acaso queda alguien en el mundo que aún no lo haya disfrutado.

Sólo me gustaría dejar constancia de que, si tuviera que elegir sólo una, si entre todos esos millones de obras que decía al principio me dieran a escoger sólo una, El lobo estepario es la que me llevaría a una isla desierta.

O a la estepa…
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1 comentario:

pseudosocióloga dijo...

Pues ahora dudo de sí lo he leído o no