domingo, 26 de febrero de 2012

El compromiso

Tallin es una ciudad realmente bonita, con sus murallas almenadas y sus torres de cucurucho. Haciendo guardia en lo alto no sería difícil presentir a un centinela de los de yelmo, rodela y alabarda.

Pues bien, en Tallin y alrededores es donde tiene lugar el argumento de El compromiso, de Serguey Dovlátov.
En la puerta me encontré con Teppe:
–Kuzina, del ala sexta, acaba de dar a luz. Los datos: ella es estonia, conductora de autobús. Su marido trabaja de tornero en los astilleros; es ruso, afiliado al Partido. El niño entra dentro de todo lo que se considera normal.
–Gracias a Dios. Creo que este servirá. Pero será mejor que llame por si acaso.
Turonok dijo:
–Excelente. Ocúpese de que el niño reciba el nombre de Lémbit.
–Guiénrig Fránzevich –supliqué–: ¿quién le pondría Lémbit a su hijo? Está tan anticuado que sólo se ve en el folclore...
–He dicho que le llamen Lémbit. ¿Qué más les da a ellos? Lémbit suena bien: varonil, simbólico. Llamará la atención en el número del Aniversario.
–¿Usted le hubiera puesto a su hijo Bovoy? ¿O Mikula?
–No empiece con su demagogia. Tiene un encargo. El material debe estar listo para el miércoles. Si se niegan a llamarle Lémbit, prométales dinero.
–¿Cuánto?
–Unos veinticinco rublos. Enviaré a un fotógrafo. ¿Cómo se apellida el niño?
–Kuzin, del ala sexta.
–Lémbit Kuzin. Suena de maravilla. Bueno, a ello.

Después de cumplir el servicio militar en su Rusia natal, Dovlátov se empleó en un diario estonio. Sus primeros escritos de ficción encontraron el veto inmediato de las autoridades, y el hecho de que terminaran publicándose en occidente sólo le sirvió para ser expulsado de la Unión de Periodistas de la URSS. Tras emigrar, vivió en Nueva York hasta su temprana muerte en 1990, por problemas de salud. Amaba demasiado el vodka.

El compromiso es una novela autobiográfica. Su protagonista es un reportero que cubre noticias "de interés público" para el Estonia soviética. Tarea nada sencilla, ya que el redactor jefe es capaz de detectar errores ideológicos en los textos. Cuando escribe que especialistas de Dinamarca, Finlandia, Hungría, Polonia, RDA, etc., se han reunido en el VII Congreso de Estudios Escandinavo-Fineses, podría interpretarse como síntoma de desafección al Partido. Primero tiene que ir la URSS en la lista, por supuesto. Luego los países "demócratas", en medio los neutrales y al final los del bloque capitalista. Ah, y cuidado con poner a Hungría antes que a la más ortodoxa RDA. Si llegara a ser calificado como disidente, su vida podría convertirse en un cúmulo de incomodidades.

De manera que van sucediéndose sus aventuras y las de sus compañeros en pos de los encargos: el nacimiento del habitante 400.000 (es bastante complicado encontrar a un bebé presentable), los buzos que dragan el fondo del puerto con estajanovista entusiasmo (para encontrar la dentadura de oro que se le ha caído al agua al encargado del taller), una lechera que bate plusmarcas de producción gracias a las sabias disposiciones del Comité Central (hay que darse prisa en redactar la carta anunciándolo al camarada Brézhnev, porque la respuesta ya ha llegado), y así continuamente.

Irónica, mordaz, divertida, son algunos calificativos que la obra merece. Los regímenes que pretenden decidir lo que sus ciudadanos deben leer, escribir o pensar, sirven por el contrario de acicate a las imaginaciones rebeldes. Dovlátov fue un ejemplo más.
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domingo, 19 de febrero de 2012

E lucevan le stelle

El proceso ha comenzado. Y es irreversible.

Ya no llego como antes.

Me estoy...

Abaritonando.

Un tenore di forza de toda la vida, de los de E lucevan le stelle, pasándolo ahora fatal en la ducha con las notas altas.

Decadencia.


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domingo, 5 de febrero de 2012

Budapest

Ah, Budapest, Budapest… La gran Plaza de los Héroes, el Parlamento, el Puente de las Cadenas, la Avenida Andrássy, el Bastión de los Pescadores, las olas rompiendo en la ensenada de Botafogo, el cerro Corcovado...

¿Que me he hecho un lío? No, de ninguna manera, estoy seguro. Budapest... ¿Cómo no iba a captar mi atención una novela con ese título? Aunque curiosamente haya sido imaginada por el brasileño Chico Buarque.
Debería estar prohibido burlarse de quien se aventura en una lengua extranjera. Cierta mañana, al bajarme del metro por error en una estación azul igual a la de ella, con un nombre semejante al de la estación próxima a su casa, telefoneé desde la calle y dije: estoy llegando casi. Supuse en el mismo instante que había dicho una burrada, porque la profesora me pidió que repitiese la oración. Estoy llegando casi… había probablemente un problema con la palabra casi. Sólo que, en lugar de señalar el error, ella me hizo repetirlo, repetirlo, repetirlo, después soltó una carcajada que me llevó a colgar el teléfono. Al verme a la puerta de su casa, tuvo un nuevo acceso, y cuanto más se le encendía la risa en la boca, más se sacudía al reírse con el cuerpo entero. Dijo por fin haber entendido que yo llegaría poco a poco, primero la nariz, después una oreja, después una rodilla, y el chiste no tenía tanta gracia. Tanto es así que Kriska se quedó enseguida un poco triste y, sin saber pedir disculpas, rozó con la yema de los dedos mis labios trémulos.

José Costa no acaba de ser feliz en la vida. Se dedica a escribir por encargo de otras personas: discursos, artículos, libros que quizá se hagan famosos y en los que su nombre nunca aparecerá.

Siempre llega a casa tarde y su matrimonio con Vanda se resiente.

Tras asistir a una convención internacional de "autores anónimos", hace escala en Budapest, donde escucha por primera vez una lengua de extraño sonido: el húngaro.

En Río de Janeiro la rutina parece continuar. Pero comienza a hablar en sueños, y no lo hace en su portugués natal.

De nuevo vuela a la ciudad del Danubio, donde conoce a Kriska. Ella será su profesora... y algo más

Mientras tanto, Vanda progresa en su carrera. No se ha resignado a esperar llorosa, abrazada al pequeño hijo de ambos, el retorno de José.

Él lo abandona todo. Kósta Zsoze será su identidad magiar. Un nombre distinto para un hombre distinto.

Mi comentario personal es que se trata de un libro estupendo. Refleja con maestría cómo la personalidad del protagonista se desdobla y salta fuera de sus goznes. Quizá el final, con sus tintes oníricos, resulte desconcertante y un poco abrupto, pero insisto: sus méritos están sobradamente en el lado bueno de la balanza. Un libro de los de regalar, muy, muy recomendado.
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