sábado, 28 de enero de 2012

La leyenda de Tamar

¿Qué? ¿Que queréis saber de dónde viene el nombre de Akhtamar, una de las marcas de nicotina más populares de Armenia? ¿Sí? ¿De verdad?

Tamar era una doncella que, como suele ocurrir en los cuentos, resultaba una verdadera monada. Bellísima, excelsa, sublime. Y además, simpática.

Tenía su residencia en una isla, en el centro del lago Van. Allí vivía feliz, entre guirnaldas de flores silvestres y suspiros de añoranza por su amor.

Porque Tamar estaba enamorada. Incluso las modelos de pasarela se hallan sujetas a esos golpeteos del músculo cardíaco sobre los barrotes de su prisión. La hermosa bebía los vientos por...

Anda, pues no apunté cómo se llamaba, pero tampoco resulta demasiado relevante. Para el caso, denominémosle "el Príncipe Azul".

El caso es que a los vecinos de Tamar no les caía bien ese novio. Era de otro pueblo, cruzando el lago, y cada noche se iban a dormir confiados en que las aguas detendrían las ardientes aspiraciones de ambos jóvenes.

Pero no contaban con que la fortuna favorece a los audaces, y la recompensa de besos, abrazos y demás arrumacos era para los dos tan irresistible como para desafiar al mayor de los peligros.

Al caer el sol, el Van se volvía turbio. Por ello Tamar encendía un fanal en la orilla y su chico se lanzaba a nadar en pos de la luz. Brazada, brazada, brazada...

Pero... ooooooh, he aquí que la fatalidad se cirnió sobre los amantes. Los vecinos descubrieron el pastel y, un crepúsculo sin luna, apagaron a la fuerza la llama de la salvación.

¡Qué gentuza! El Príncipe Azul, que ya se había puesto en camino, se encontró de repente sin faro. Y desesperado, a ciegas, sin poder adivinar hacia dónde dirigirse, se ahogó.

Sus últimas palabras, con voz tan potente para que todos pudieran escucharlas (y algún escribano trasladar al pergamino), fueron: «¡Akh, Tamar!». Lo que viene a significar «¡Ay, Tamar!». Así, el nombre ganó la inmortalidad.

Hasta convertirse en reclamo de cigarrillos, no había más que un paso.


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6 comentarios:

luis dijo...

El amor siempre ha tenido sus detractores sea por la cuestión que sea. No parece que a muchos les vaya bien en sus vidas y tal vez por ello no quieren la felicidad de otros.
Una historia interesante.
Un abrazo

Edurne dijo...

Katxis.. siempre ando detrás de Luis, jajajaja!
Me estaba entreteniendo en la cancioncilla, en las cintas y tal...

Una pena esta leyenda, que, por otro lado, es tan parecida a otras de diferentes lugares... se ve que el asunto mito-leyenda universal es un mismo pozo donde a todos los pueblos y culturas se les ocurre beber, y luego adaptan los acontecimientosa sus valles, lagos, montañas y demases...
Pero yo creo que con estas cosas, lo del amor con trágico final, nos quieren decir algo...
Mejor ni lo averiguamos!

Lo que sí está claro es que Armenia está dando mucho de sí... pues a ver la siguiente entrega!

Ah, yo también aborrezco el tabaco!

Un abrazo!
;)

Lola Mariné dijo...

Que pena!
Al amor hay que darle alas, no cortárselas.
Saludos

Alter dijo...

Bonita aunque triste historia, el amor no siempre tiene final feliz.
Vaya idea la de usar el nombre de la moza para el tabaco... será por qué tarde o temprano te acabas ahogando por/con él? (por buscar un símil, no se.. jeje)

Saludos ;)

Alter dijo...

Me gusta lo que escribes y como lo escribes, por esa razón tienes un regalito en mi Mundo, puedes pasar a recogerlo cuando quieras ;)

Afrodita dijo...

me encanta todo lo que te leo, por eso te he nombrado en mi blog (scalofriosyfrsas.blogspot.com/2012/02/gracias-por-acordarte-de-mi.html), igual es una chorrada, pero a mi me ha hecho ilusión que me nombrasen, por eso lo he seguido. Un saludo.