miércoles, 28 de enero de 2009

Nosotros

Portada del libro Nosotros, de Evgueni Zamiatin

Título y autor/a:Nosotros, de Evgueni Zamiatin.
Clave de lectura:¿Qué valor tiene el individuo en un mundo «igualitario»?
Valoración:✮✮✮✮✮
Comentario personal:Orwell, Huxley… y Zamiatin.
Música:Estudio Op.42 nº 5, de Alexandr Scriabin ♪♪♪

Evgueni Zamiatin escribió Nosotros como una premonición. A través de esta novela, su nombre se une merecidamente a voces como las de Orwell y Huxley.

D-503, de profesión matemático del Estado Único, reside en la más hermosa de las ciudades, dentro del muro verde.

El «yo» no cabe en esta sociedad utópica, todo es «nosotros». Porque existen la Tabla de las leyes y el Libro de las horas. Porque todos se despiertan, trabajan, comen, caminan exactamente al unísono, visten igual, tienen las mismas posesiones y no han de pensar ni preocuparse por nada.

El amado Bienhechor y el Departamento de los guardianes lo hacen en su nombre, velando por la seguridad colectiva. Ellos saben lo que conviene. Ellos nunca se equivocan.

Hasta que D-503 se encuentra con la extravagante I-330 y sus puntos de vista comienzan a torcerse de la norma: chico conoce a chica, chica abre los ojos de chico.

¿Qué camino seguir entonces: ¿el de la duda, el de plantearse si todo lo que le cuentan desde arriba es cierto, o el de la cómoda obediencia?

La nave Integral, en cuya construcción colabora D-503, difundirá la «verdad» por el universo. Si las civilizaciones que encuentre quieren aceptarla sin discusión, ¡qué fortuna para ellas! En caso contrario...

Habrá que tomar medidas. Es por su propio bien.


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Nos dirigió una sonrisa que era casi un mordisco. Se sentó y empezó a tocar. Algo salvaje, nervioso, abigarrado como la vida de los hombres de entonces, sin la menor sombra de mecanismo racional. Y, naturalmente, los que me rodeaban tenían razón: todos se echaron a reír. Sólo algunos…, pero ¿por qué yo…, por qué yo también?

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lunes, 19 de enero de 2009

La máscara de hierro

Portada del libro La máscara de hierro, de Roger Macdonald

Título y autor/a:La máscara de hierro, de Roger Macdonald.
Clave de lectura:¿Quién era el hombre de la máscara de hierro?
Valoración:✮✮✮✩✩
Comentario personal:Un estudio novelesco.
Música:Los tres mosqueteros, de Max Steiner ♪♪♪

Resulta que los tres mosqueteros vivieron de verdad. Y por supuesto el cuarto, el más importante, D'Artagnan. Y que Alejandro Dumas «sólo» noveló sus aventuras. Es la tesis que sostiene Roger Macdonald en La máscara de hierro.

Así pues, este espadachín, Charles D'Artagnan, habría abandonado su Gascuña natal a los diecisiete años. Adoptó el apellido de su madre y en el camino a París tuvo una discusión con el conde Rosnay, agente del cardenal Richelieu.

Como consecuencia, lo apalearon y despojaron de la carta de presentación para un paisano suyo en la capital: el capitán de los mosqueteros Jean-Arnaud du Peyrer de Trois-Villes, pronunciado Tréville.

Luego vino el encuentro fortuito con Athos (Armand), Porthos (Isaac de Portau) y Aramis (Henri D'Aramitz), el duelo contra los guardias del cardenal, el peligroso despecho de Lucy Percy (a quien conocemos como Lady de Winter), el episodio del collar de diamantes entre la reina Ana y el duque de Buckingham...

Y si el libro se titula La máscara de hierro es por un hombre condenado a llevarla permanentemente, que a lo largo de los años vivió en las prisiones de Pignerol, Exiles, Sainte-Marguerite y la Bastilla.

La teoría más difundida hace referencia al hermano gemelo de Luis XIV, pero Macdonald expone otras posibilidades basadas en una compleja trama de conjuras palaciegas, envenenadores, guerras, ministros caídos, amantes del rey y hasta Molière, malquisto por algunos poderosos.

Al final, la clave vuelve a girar alrededor de D'Artagnan, encargado por el monarca de ciertas misiones «por razón de Estado». ¡El hombre de la máscara de hierro resulta ser...!

Nooo, no lo digo, que si alguien quiere leer el libro no es plan de hacerle esa faena. Me recojo y un saludo a vuestras mercedes.


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Tres puertas distintas dificultaban el acceso a los reclusos, que probablemente nunca salieran de la torre romana. A todos los efectos, habían desaparecido de la faz de la tierra. Louvois estaba decidido a impedir que llegara al mundo exterior el más mínimo indicio de cuál era su identidad.

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miércoles, 14 de enero de 2009

Aventuras en el Zephyr

El bergantín Zephyr en el puerto de Cherburgo (1)

Voy arrastrando el petate por la rada de Cherburgo. Busco un bergantín para enrolarme.

¿Cómo se me ha ocurrido? Ya sabéis, la llama de lo salvaje arde en las venas: vientos salutíferos, crujir de cuadernas, calavera y tibias en el pabellón... Bueno, también por echarles un vistazo a las islas del Canal, que están libres de impuestos.

El capitán del Zephyr, que supervisa el baldeo de cubierta, me ve llegar resoplando. Con su ojo parcheado evalúa mi potencial para izar a pulso la mayor y, a pesar de que lo ve muy negro, empieza a cantar: «Quince hombres sobre el cofre del muerto, jo, jo, jo, la botella de ron...».

La llama arde con más fuerza. Mis piernas se detienen. He de cumplir con mi destino viajero.

Por supuesto, me aseguro de algunos puntos esenciales: tendré un coy caliente en el sollado, turno de lavado de platos apenas una vez por semana y patente de corso en las islas. Pongo entonces la marca en el registro y ¡a bordo! ¡Aventuras!

Mis compañeros de tripulación se dividen entre bucaneros frisones y filibusteras alemanas. También hay una pareja de piratillas franceses, pero no se dejan ver demasiado. Se meten en su minúsculo camarote y se dedicarán a estudiar latitudes, o a contar piezas de a ocho, o qué sé yo.

Comienzan las singladuras por el Mar del Norte: Sark, Jersey, Saint-Servant, Saint-Malo, con el espíritu de Surcouf observándonos desde las almenas… Guernsey, Alderney...

Cierto, mi habilidad con las velas resulta limitada. Eso de manejar los foques y el trinquete… ¡Por vida de, cómo pesan!

De manera que me encomiendan ocuparme de un par de cabos, una vez aclarado que los nudos para sujetar el aparejo no se hacen como el lazo de las corbatas. Qué quisquillosos.

Ah, los amaneceres en calas de tonos esmeraldas, el sol acariciando el combés, las zambullidas bajo la quilla, la campana que avisa del rancho, la roda cortando alegre las olas, tensas las jarcias, delfines deslizándose junto a las amuras...

¡Ah, el pedazo de tempestad atlántica que nos pilla atravesados y me hace jurar que nunca volveré a pisar otro cascarón con menos tonelaje que el Queen Mary!

El cielo aúlla, el salitre cubre los labios, la espuma ciega. Nos ponemos los salvavidas y nos agrupamos en la toldilla, bien amarrados. El estómago baila una animada giga con el píloro de tamboril.

¿Pero qué aventuras ni qué…? ¿Pero quién me manda…?

Como colofón, tras una noche de averno fondeamos de nuevo, salto a tierra firme y me aferro con uñas y dientes a la primera farola. ¡Qué bonita, mua, mua!

Queda confirmado que soy un marinero de agua dulce y me vuelvo definitivamente a mis zapatos, es decir…

Jo, jo, jo, la botella de ron.


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miércoles, 31 de diciembre de 2008

Sorpresas de 2008 (Szabó, Runciman, Haushofer, Debney)

Portadas de libros sorpresa de 2008

Esta va a ser la última entrada del año, así que quisiera recordar algunas agradables sorpresas que me he llevado en los últimos doce meses y que aún no habían encontrado aquí su sitio.

Dando la vuelta al nombre del blog, empecemos por el apartado de las letras.


La balada de Iza, de Magda Szabó. Se trata de una historia acerca de las relaciones entre una madre recién enviudada y su hija, aderezada con la participación del ex-marido, el nuevo pretendiente y constantes flashbacks a la vida del padre.

La caracterización psicológica de los personajes es extraordinaria: qué sienten, qué les motiva, cómo se ven los unos a los otros... Se muestran totalmente reales.

Y de un tema base sólo en apariencia común, Szabó desarrolla una novela que nunca pierde interés (salvo un final demasiado acelerado, si nos empeñamos en ponerle alguna pega). Nueve y medio sobre diez.

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Durante las primeras semanas de su relación, tras el episodio de la foto del molino y el intento de Iza de dar dinero a la enfermera, Antal trató de penetrar en las capas de silencio disciplinado y reserva que envolvían a la joven.

La caída de Constantinopla, 1453, de Steven Runciman. Un libro considerado de referencia en el género de ensayo histórico, donde he encontrado mucha amenidad al tiempo que varias curiosidades.

Así, resulta que existió realmente el imperio de Trebisonda (o, lo que es lo mismo, Trapisonda, el terrenito suspirado por Don Quijote como recompensa al iniciar su vida de caballero andante).

También, que entre los contingentes que tomaron parte en la defensa de la ciudad había una guarnición catalana, comandada por Pere Julià. Y que un excéntrico noble castellano, don Francisco de Toledo, quien insistía en ser pariente lejano del emperador, acompañó a Constantino XI Paleólogo hasta el final.

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De pronto se oyó un estruendo horripilante. A todo lo largo de las murallas los turcos se habían lanzado al asalto entre gritos de guerra, mientras tambores, trompetas y pífanos los animaban a la lucha.

Nosotras matamos a Stella y El quinto año, de Marlen Haushofer. El primer relato describe el sufrimiento de una mujer que se siente moralmente culpable, en lugar de víctima, por los engaños de su marido.

En el segundo, la protagonista es una niña de cinco años que narra sus vivencias en casa de los abuelos. Si bien la atmósfera se dibuja con tono más relajado, no deja de estar presente un trasfondo ominoso debido a la desaparición del resto de la familia durante la guerra.

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Cuando fracasa el primer intento, lo que generalmente suele ocurrir, nos rendimos hasta el siguiente, que ya será más débil y que nos volverá más miserables y derrotados.

Trasladándonos ahora al mundo de las corcheas, con el número uno indiscutible... La isla de las cabezas cortadas, música de John Debney.

La película me parece entretenida, pero la banda sonora es más que eso, es estupenda.

Pasa magistralmente de lo aventurero a lo romántico, de lo épico a lo lírico, de los mares abiertos a las sombrías mazmorras... ¿Cómo pude habérmela perdido hasta ahora?

En fin, nada más. Os deseo un buen año nuevo. Dong, dong, dong, dong...


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sábado, 27 de diciembre de 2008

Roma eterna

Portada del libro Roma eterna, de Robert Silverberg

Título y autor/a:Roma eterna, de Robert Silverberg.
Clave de lectura:Ucronía de una Roma sin fin.
Valoración:✮✮✮✩✩
Comentario personal:A veces flojea un poco, pero entretiene.
Música:Quo Vadis (Marcha triunfal), de Miklós Rózsa ♪♪♪

Una ucronía, según la Academia, es una reconstrucción lógica aplicada a la historia, dando por supuesto acontecimientos no sucedidos pero que habrían podido suceder.

Hoy el tema va de ucronías: con vosotros, Robert Silverberg y su Roma eterna.

Moisés fracasa en sacar a los israelitas de Egipto y este pueblo desaparece. Por lo tanto, su religión nunca se desarrollará... y tampoco habrá cristianismo.

Bajo tal premisa, la novela consta de diez capítulos independientes que corresponden a momentos cruciales en el devenir del imperio.

Uno, por ejemplo, relata el peligro de que cierto Mahmut continúe ganando adeptos en Arabia y cómo un ciudadano exiliado decide solucionarlo para recuperar el favor del césar.

En otro se narran los intentos de conquista de un lugar llamado México.

También aparecen los problemas con los bizantinos cuando el inmenso Estado se parte en dos. O el periodo de terror durante la revolución que debía acabar con el antiguo régimen.

No menos importante resulta, ya avanzados los siglos, la construcción de la nave espacial Éxodo.

Aunque quizá un pelín más floja para lo habitual en otros títulos que he leído del autor, diría que entre aprobado y notable, no cabe duda de que en lo fundamental entretiene.


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El emperador pidió a Druso, de una manera distante y un tanto vaga, que le contara la suerte que había corrido la segunda expedición. Druso respondió con un tono ponderado, desprovisto de emoción. Describió primero la tierra, el clima, el esplendor de la única ciudad maya que habían visto. Después continuó con el relato del desastre: se habían encontrado con graves problemas, dijo él, el calor, las serpientes, los escorpiones y las hormigas mordedoras, las enfermedades, la hostilidad de los indígenas y, sobre todo, una terrible tormenta.

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jueves, 18 de diciembre de 2008

El distrito de Sinistra

Portada del libro El distrito de Sinistra, de Ádám Bodor

Título y autor/a:El distrito de Sinistra, de Ádám Bodor.
Clave de lectura:Lo absurdo y lo cotidiano se dan la mano en Sinistra.
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:Una página más, sólo una. Bueno, otra. Y otra...
Música:Túrót eszik a cigány, de Zoltán Kodály ♪♪♪

Hasta que el estrés acabó con el intento, aguanté tres años estudiando húngaro. Y digo estrés para que os hagáis una idea de lo difícil que resulta este idioma.

No tiene relación con ningún otro en el mundo, aparte de reminiscencias con el estonio y el finés. Bueno, y con ciertas curiosidades siberianas como el ostiaco, el vogulo y tal.

Incluso existe un dicho: El diablo inventó el húngaro estando borracho y cuando despertó había olvidado las reglas.

Si sumamos todo lo sumable, el húngaro lo hablarán unos trece millones de personas. Pues bien, hoy mencionaré a un escritor de ese espacio cultural: el rumano de Transilvania Ádám Bodor.

En El distrito de Sinistra nos narra la extraña vida de los habitantes de un lugar aislado por inmensos bosques y sujeto al ataque del constipado tungúsico. Allí llega el protagonista en busca de su hijo adoptivo.

Por lo pronto, las autoridades le asignan un nuevo nombre, Andrei, y los empleos que deberá tener en lo sucesivo: recolector de frutos silvestres, fotógrafo, peón caminero, guardacadáveres...

Podéis imaginaros que su pauta principal es el sentido del humor, muy irónico, característica que se puede encontrar en creadores que han vivido bajo regímenes totalitarios.

Al no poder expresarse de forma abierta, les gusta jugar con los temas y las palabras, para que el lector adivine por sí mismo el significado cómplice del texto.

En mi apreciación, uno de los típicos libros de «voy a leer un poco más antes de irme a dormir». Y luego te dan las tantas de la madrugada despierto.


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Uno de los días más afortunados de mi vida, aquel en que Elvira Spiridon, la del trasero aterciopelado, se vino a vivir conmigo, me encontré con el enano Gábriel Dunka a primera hora. En Dobrin City, donde por aquel entonces, mal que bien, ambos vivíamos, era uno de los pocos que poseían autorización para guardar tijeras en casa; si podía, iba a verlo cuando necesitaba contarme algo. Como habían expulsado al único barbero, al compañero de Aranka Westin, acudía a casa del enano porque me pelase cuando el pelo me cubría el cuello.

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miércoles, 10 de diciembre de 2008

Mundos

Portada del libro Mundos, de Gertrud Kolmar

Título y autor/a:Mundos, de Gertrud Kolmar.
Clave de lectura:La belleza nace en nuestro interior.
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:Pura poesía.
Música:O Paraíso, de Madredeus ♪♪♪

Hoy quisiera recomendar poesía. En concreto, la obra de una autora con trágico destino personal: Mundos, de Gertrud Kolmar.

Kolmar llevó una existencia discreta (el popular de la familia era su primo, Walter Benjamin). Cuentan que era muy tímida y dedicó su vida a leer, escribir y estudiar idiomas.

Como alemana y judía, sufrió todas las humillaciones posibles durante la época nazi, hasta que en 1943 fue deportada a Auschwitz, donde murió.

Uno de los poemas más bellos de este libro lo dedica a alguien de quien estuvo enamorada: un químico y también poeta, Karl Josef Keller, que leyó en cierta ocasión unos versos suyos y le escribió una carta para conocerla.

Así iniciaron una relación epistolar que desembocó en un encuentro mucho más estrecho. Por desgracia, aunque siguieron viéndose durante años, parece que él no sentía lo mismo por ella, pero no se atrevió a confesárselo hasta el momento de su matrimonio con otra mujer.

Un fragmento de su corazón en Nostalgia:


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[...]
¡Noches engullidas, anegadas en mares eternos!
Cuando mi mano se acostaba sobre la pelusa de tu pecho
para dormitar,
cuando nuestros alientos fermentaban un vino exquisito, que en
copa de cuarzo rosa ofrecíamos a nuestro dueño, el amor,
cuando en las montañas de las tinieblas nos crecía la drusa y
maduraba, fruto cóncavo de cristal de roca y amatistas
de color lila,
cuando la ternura de nuestros brazos despertaba tulipanes de
fuego y jacintos de un azul de porcelana en tierras onduladas,
lejanas, que se extendían hasta el alba,
cuando, jugando sobre el tallo torcido, el capullo semicerrado de la
amapola, como una serpiente, nos mostraba la lengua
rojo sangre,
los árboles de Oriente del bálsamo y de la canela con su follaje
tembloroso se erguían en torno a nuestro lecho
y los tejedores púrpura trenzaban el aliento de nuestras bocas
formando nidos en el aire...
¿Cuándo volveremos, cuándo, a huir al secreto de los bosques, que,
impenetrables, protegen a la corza y al ciervo del perseguidor?
¿Cuándo volverá, cuándo, mi cuerpo a ser para tus manos
hambrientas, suplicantes, pan blanco, oloroso, volverá
el fruto hendido de mi boca a dulcificar
tus labios sedientos?
[...]

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sábado, 6 de diciembre de 2008

El cuaderno de Rutka

Porta del libro El cuaderno de Rutka, de Rutka Lashier

Título y autor/a:El cuaderno de Rutka, de Rutka Lashier.
Clave de lectura:Diario de una víctima del Holocausto.
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:Para ayudarnos a no olvidar.
Música:La lista de Schindler, de John Williams ♪♪♪

El cuaderno de Rutka es un diario, escrito entre enero y abril de 1943 por Rutka Lashier. Tenía catorce años, era polaca y judía. Fue asesinada en Auschwitz.

Sus páginas, igual que las legadas por Ana Frank, no se pueden leer como literatura al uso.

Quiero decir que no se trata de memorias destinadas en origen a que otros pudiéramos conocerlas, sino de pensamientos íntimos propios de una chiquilla de su edad: deshojar si le gusta o no Janek, aventurar a quién dará su primer beso, describir una tarde en compañía de amigos...

Aunque, tras esa inocente mirada sobre lo cotidiano, se deslizan los demás aspectos de su vida bajo la ocupación nazi. Esos que irán ahogándola, cada vez con mayores signos de vileza, hasta sus últimas anotaciones.

Por otro lado, dada la brevedad del texto, me parece un acierto de la edición haber añadido ensayos que explican las circunstancias en que lo redactó su autora, cómo volvió a salir a la luz y una historia de los judíos en Polonia.

Todo se convierte, en fin, en la mayor lección del libro: ayudarnos a no olvidar.


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Los niños, vestidos con harapos, tienden las manos hacia los transeúntes con gesto de súplica para pedir limosna. Estas criaturas son el estigma del lúgubre gueto. Los padres han sido deportados y los pequeños han quedado abandonados a su suerte, condenados a vagar por las calles.

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martes, 25 de noviembre de 2008

Donde anidan los ángeles

Portada del libro Donde anidan los ángeles, de Vicente Romero

Título y autor/a:Donde anidan los ángeles, de Vicente Romero.
Clave de lectura:Historias de la lucha contra la injusticia.
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:Un texto esperanzador.
Música:Cita con ángeles, de Silvio Rodríguez ♪♪♪

El título de hoy es Donde anidan los ángeles, de Vicente Romero. El subtítulo describe con claridad su contenido: Historias de la lucha contra la injusticia.

Romero viaja a Etiopía, Camboya, Angola, Mozambique, Burundi o Bolivia para entrevistarse con personas que lideran iniciativas de justicia social.

Compartimos así las experiencias de misioneros como Ángel Olaran o Nicolás Castellanos. También las de Somaly Mam, surgidas de la esclavitud, o las cárceles de Juan Carlos Quintanilla. Incluso de quienes llevaban anteriormente una vida acomodada, como Maggie Barankitse.

Todas con un punto de partida: la comprensión de que «el mal» medra cuando no encuentra adversario o cuando este es la indiferencia, pero que a través de la solidaridad puede batirse en retirada.

Y hay muchos ejemplos de maldad en estas páginas: niñas violadas por pederastas, niños a quienes unos soldados de pesadilla cortan las manos, niños que topan con minas enterradas, niños huérfanos sin esperanza de futuro, niños para quienes derramar el alimento es la mayor tragedia...

Una línea muy delgada por la que transita es el peligro de caer en el sermón, es decir, machacarnos con la idea de lo parásitos que somos unos pocos en el «primer mundo» hacia la mayor parte del planeta.

Si se abusa de esta estrategia, puede tener el efecto contrario: ponernos a la defensiva. Ninguno nos reconocemos personalmente en el papel de villano.

Sin embargo, me parece que sortea bien dicho riesgo. No se trata de un relato apocalíptico, no es extremista, no pretende imposiciones ideológicas. Sólo una narración reflexiva, con tono «serenamente indignado».

Un texto esperanzador.


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Dice Jean Ziegler que «la mayoría de nosotros no se atreve a ver el mundo tal cual es. De hacerlo así, nos volveríamos locos». Existe, sin embargo, una inmensa minoría, una pequeña legión de hijos del sistema que, tras haber sido formados como cuadros para servir a las sociedades privilegiadas en el injusto reparto mundial de la riqueza donde nacieron, se obstinan en una difícil rebelión personal fruto de una tan elemental como dura reflexión crítica.

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domingo, 23 de noviembre de 2008

A la sombra de los bárbaros

Portada del libro A la sombra de los bárbaros, de Eduardo Goligorsky

Título y autor/a:A la sombra de los bárbaros, de Eduardo Goligorsky.
Clave de lectura:Para proteger «la moral», un país se aísla del exterior.
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:Esto podría pasar.
Música:Fahrenheit 451, de Bernard Herrmann ♪♪♪

Los relatos bajo el título A la sombra de los bárbaros, del bonaerense Eduardo Goligorsky, se desarrollan en un país del futuro donde el gobierno impone un férreo aislamiento de todo tipo de influencia exterior. Sus fronteras están selladas. El objetivo es mantener unos «sólidos principios morales» en la sociedad.

Las medidas incluyen la separación de sexos hasta los veintitrés años, así como la prohibición del cine, el teatro, la música, los libros, el arte y distracciones similares que, en definitiva, sólo sirven a los jóvenes para desahogar sus instintos libidinosos.

Y, aunque ciertas historias pudieran parecer ingenuas en su argumento y desenlace, un poco en la línea de «esto no podría pasar», en realidad dan mucho pie a la reflexión. Las apariencias engañan.

¿No ha sido y seguirá siendo el sueño dorado de algunos, en el mundo presente, perseguir y aplastar todo tipo de «ideas peligrosas»? Las que ellos elijan a voluntad, por supuesto. Las que amenacen su poder...

Sí, esto podría pasar.


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[…] si no tenemos naves espaciales para explorar, como otros países, lejanos planetas donde al fin y al cabo hasta ahora sólo se han encontrado pueblos tan depravados como los que nos rodean, nuestras almas se han proyectado en cambio hacia el cielo de su propia salvación eterna.

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