sábado, 18 de enero de 2014

2013 en remembranza

Partido de baloncesto entre el Real Madrid y el Barcelona. Tapón de Reyes.

¡Vaya, menuda siesta! ¡Me he quedado frito y ya es 2014!

Con los párpados aún rebeldes a abrirse tras su larga hibernación, releo lo último que quedó registrado en esta bitácora, aquellas grandes esperanzas que depositaba en 2013.

¿Se habrán cumplido?

¡Uaaaaaaaaah! ¡El Real Madrid, campeón de liga! ¡Uaaaaaaaaah!


lunes, 7 de enero de 2013

2013 en lontananza

Amanecer púrpura sobre las Torres Blancas de Madrid.

¿El mundo sigue girando?

Supongo que sí. De habernos caído un meteorito encima, el dolor de cabeza sería acusado.

Todo continúa, entonces. ¿Y hay lista de deseos para este año?

Vamos allá: para alcanzar la felicidad en cuerpo y espíritu, me gustaría, me gustaría...

Lo primero, que el Real Madrid de baloncesto quede campeón de liga. O de copa, o de Europa, o... En fin, de algo, lo que sea.

Lo segundo no sé si será más fácil o más difícil, ya lo advierto.

Que siga saliendo el sol cada día.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Últimas horas


A lo mejor mañana se acaba todo, como nos recuerda Boris Kovač. ¿Qué podría hacer en tal caso?

¿Desesperarme, juntar «mis riquezas», rezarle a algún dios, apuntarme a una bacanal?

Si esto fuera la despedida, ha sido un placer. Y si no, un placer mayor. Cuando publique la entrada, a ver si encuentro una bacanal de esas por algún sitio.

Porque ya con tantas prisas, encontrar a my nearest and dearest love, pues...


Just imagine:
There is only one starry night left till the end of this world.
What would we do?
Some would be despairing, hopelessly.
Some would gather their riches and take them with them full of hope.
Some would pray to God in faith.
Some would enter the bacchanalia to pleasure themselves.
Some would spend the last intimate moment with their nearest and dearest love.

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sábado, 15 de diciembre de 2012

La leyenda de Bibi Khanum

Mezquita de Bibi Khanum en Samarcanda.

Estos fueron los avatares de la construcción de la mezquita de Bibi Khanum, tal como me los relataron los sabios en Samarcanda.

Andaba una vez el emperador Tamerlán trabajando en lo suyo fuera de casa: unos pillajes, unos saqueos, unos incendios, unas cabezas cortadas… La rutina.

Mientras tanto, a Bibi Khanum, su mujer, se le ocurrió prepararle una sorpresa para la vuelta. Pensó: «Vamos a construirle una mezquita a lo grande. Pero grande, grande. La entrada la ponemos de treinta y tantos metros de alto, por lo menos. Que venga el arquitecto de la corte».

Así empezaron los trabajos, a mayor gloria y prez del ladrillo. Hasta que un día…

—Arquitecto, ¿esto va un poco lento, no? ¿Te falta argamasa, pintura, esclavos? ¿Qué necesitas?
—Un besito.
—¿Eh?

Ahí lo tenéis, el arquitecto había caído prendado de la sin par Bibi Khanum, y para concluir el encargo exigía darle un beso en la mejilla.

Mira que hay tíos lelos por el mundo. Pudiendo pedir amatistas, rubíes y topacios…

Claro, la emperatriz le contestó que como se enterase su marido del atrevimiento, le iba a hacer pupa.

Y el otro, dale que te pego con su ósculo. O beso, o paraba la obra.

Ella al fin cedió. Si nadie se enteraba…

Él acercó sus labios enfebrecidos.Mua.

Cuando los separó, a su majestad le había entrado un buen sofoco.

Es que Tamerlán no la besaba así. En lo de cortar cabezas sería un hacha, nunca mejor dicho, pero en lo de los cariñitos… El roce del arquitecto, que iba como una moto (o como un camello turbodiésel recalentado), le dejó una marca en la piel.

Entre nosotros, esta parte de la historia la escuché un poco escéptico. ¿No habría estado comiendo dátiles y tenía los labios pringosos?

Sea como sea, los dos quedaron más que contentos de la experiencia. La emperatriz le regaló un anillo a su admirador y este por su parte levantó lo que quedaba del edificio.

Por fin, el rey de reyes regresó de sus correrías.

—Hola, cariño. Te voy a enseñar lo que hemos hecho en tu ausencia.

«Ajá, hum, oooooh». De esta manera iba expresándose según cruzaba las estancias.

—En el centro podemos poner una fuente, aquí y allá plantamos árboles, en aquella esquina unas alfombras…

Fue entonces cuando Tamerlán reparó en la marca sobre la hermosa Bibi Khanum. Y se mosqueó.

—Por cierto, el que te hace la reverencia es el artista que lo ha diseñado. Salúdale.

El terror de las estepas se quedó mirando el anillo que el amigo no había dudado en lucir. Huyyyyyy, gato encerrado. Ese brillo de mala leche en su mirada...

El arquitecto, que lo notó, se puso a trabajar como un poseso en un medio de locomoción para tomar las de Villadiego antes de que la guardia timúrida llamase a la puerta. Toc, toc.

Cuando esta apareció, para tener unas palabritas de parte de su jefe, se fue volando. Literalmente.

Había fabricado unas alas gigantes y, agitándolas mucho, que le echaran un galgo. Dicen que su rastro se perdió en dirección a Isfahán.

¿Y qué ocurrió con Bibi Khanum? Dicen también que, para ponerla a prueba, su marido la ordenó que entrara en el palacio y volviera a salir con aquello que él más apreciase, lo más valioso del reino. Si acertaba, bien; si no…

La emperatriz, más lista que el hambre, se presentó ante él sin nada, monda y lironda. De donde se deducía que ella misma era el mayor tesoro.

Pues nada más. Que la mezquita está ahora un poco estropeada por dentro, pero siendo una maravilla. Colorín, colorado…


domingo, 18 de noviembre de 2012

El terror

Baile en Zhongdian

Bodas. Esponsales. Ceremonias nupciales. Escalofríos desde que recibo los tarjetones de invitación.

Según avanzan las manecillas del reloj, los entrantes, el sorbete, el principal, la tarta, aguzo cada sentido. Apenas levanto la copa de agua.

Necesito buscar el mejor sitio para ocultarme. Detrás de aquella columna, entre las hojas de aquella planta tan frondosa, cerrando el pestillo en el cuarto de baño...

La gota de sudor se instala en mi nuca hasta el momento en que... ¡Oh, no, ya empiezan!

¡La gente sale a la pista!

Presa del pánico, olvido las precauciones con el licor. ¡Rápido, camarero, tráigame cualquier cosa! En vaso largo, que pueda excusarme por estar ocupado sosteniéndolo. Ah, y con hielo: on the rocks, muchos, muchos rocks, que tarden en derretirse.

Porque existe el riesgo de que alguien se acerque, atisbe mi presencia en el escondrijo e insista en que abandone mi bucólica paz: «¿Pero qué haces ahí? ¡Venga, a bailar!».

Y yo, el color de la faz ascendiendo a los tonos más cálidos, niego con la cabeza. Los nudillos se aferran al cristal del vaso.

Los servidores del terror me agarran, me empujan, pretenden arrastrarme sobre el entarimado, hacerme perder el sentido del equilibrio, de la dignidad y quién sabe qué otras maldades.

El pánico hace bombear mi sangre. Escapo perseguido por sus rítmicos pies, por la voracidad de los altavoces que retumban alrededor, enloqueciéndome.

No, no, no... ¡No me atraparéis!

¿Bailar? ¿Yo? El terror...


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lunes, 1 de octubre de 2012

El oro del Rhin


El oro del Rhin es el prólogo de la famosa Tetralogía de Richard Wagner. Comienza cuando Alberich, un nibelungo con mala baba, sale de la cueva e intenta hacerse amigo de alguna de las Hijas del Rhin. Pero Woglinde, Wellgunde y Flosshilde, que tienen el listón bastante alto, le toman el pelo.

(Nota: por alguna razón, la gente suele asociar la palabra «nibelungo» con cachas nórdicos de firmes pectorales y cabellera rubia. Por el contrario, se trata de señores de escasa estatura que viven bajo tierra, se lavan poco y no se espulgan la barba. Espero haber contribuido a aclarar el error popular).

Resulta que en el Rhin hay un tesoro y su resplandor se vislumbra desde la superficie. Las ninfas guapetonas le cuentan al canijo que quien lo consiga será poderoso, el amo, el jefe, pero tiene un precio: deberá renunciar antes al amor.

Alberich contesta que el amor es algo sobrevalorado y escapa al Nibelheim con el oro. Allí mandará forjar un anillo mágico.

En el cuadro segundo los dioses van a recibir las llaves de su nueva villa, el Valhalla. Al frente tenemos a Wotan, que enarbola una lanza, y a su esposa Fricka. El astuto Loge se ocupa del fuego, Donner de los truenos y relámpagos, Froh maneja el sol y la dulce y delicada Freia cuida el jardín donde crecen las manzanas que los mantienen.

Wotan es tuerto porque de joven cedió uno de sus ojos para arrancar una rama del fresno del mundo, con la que talló la lanza, y beber del manantial de la sabiduría. En tenaz lucha venció a la raza de los gigantes y sólo dos sobreviven, Fafner y Fasolt. Los ha contratado de albañiles, y si terminan la obra en plazo les concederá a Freia como recompensa.

(Otra nota: la sabiduría de Wotan es cuestionable. Los gigantes lo que quieren es echarse novia y perpetuar la especie, y Freia les viene al pelo. Son brutos, pero no tontos).

Ambos aparecen a cobrar. Donner y Froh se oponen con vehemencia y piden a Wotan que rompa el pacto. Pero la estabilidad del universo depende de que un dios cumpla con sus compromisos.

Hasta que Loge propone un trueque: les habla de Alberich y el oro arrebatado. ¿Les interesaría quizás a los forzudos mejorar sus finanzas?

Mmmm, novia, cuenta bancaria... Novia, cuenta bancaria... Novia, cuenta bancaria... Vale, eligen cuenta bancaria, pero mientras tanto se llevan a Freia en prenda. Sin sus manzanas, los dioses se quedan mustios.

Llegamos al cuadro tercero. Wotan y Loge descienden al Nibelheim, donde Alberich, además del anillo, ha ordenado a su hermano Mime que le fabrique un yelmo con el que puede convertirse en cualquier otro ser, así como volverse invisible: el Tarnhelm.

Wotan se pone chulo. Que tú no sabes con quién estás hablando, que soy la autoridad, que trae para acá el anillo, que se va a montar una gorda, que bla, bla, bla… Sin resultado.

Loge, por su parte, se lo trabaja mejor: reta a Alberich a demostrar sus habilidades transformistas. La enorme serpiente que este elige es todo un logro, está conseguida, da mucho miedo, pero… ¿podría volverse algún bicho pequeño? Seguro que es más difícil.

El nibelungo (otro que anda ágil de entendederas) se convierte en sapo. Y Loge lo captura.

Para ganar su libertad no le queda más remedio que donar el anillo a Wotan, junto con el yelmo y demás bienes. No sin antes proferir una maldición: quien no lo posea lo deseará con ansia, y su dueño vivirá siempre con la angustia de que le sea arrebatado.

A la deidad suprema la baratija le gusta. Su color dorado hace juego con sus trenzas y quiere conservarlo. Consulta a Erda, espíritu primordial de la naturaleza, pero esta le obliga a cumplir su palabra a los gigantes.

No tiene más remedio que acceder, Freia vuelve a casa y el anillo se suma al pago del rescate. Fafner y Fasolt pelean por lucirlo. Fafner mata al otro gigante y se apodera de todo.

La escena final (hace un rato que habíamos puesto el pie en el cuadro cuarto) hace hervir la sangre.

Donner blande su martillo, convocando a los elementos, y Froh abre un arco iris. Loge murmura amargado que nadie le quiere y esa se la guarda. Las Hijas del Rhin lloran su pérdida y Wotan toma de la mano a Fricka para entrar en el Valhalla. Trompas, trompetas, trombones y demás parafernalia los acompañan a todo decibelio.

Y de esta manera hemos pasado la jornada entretenidos. Ya vendrán luego las trotonas valquirias, Siegfried tocando el cuerno, y se desmoronará el tinglado en el ocaso. Pero esas son otras historias.

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sábado, 1 de septiembre de 2012

El retorno

Dragones de fantasía una tarde de lluvia en Kwan Phayao.

Montañas, cielos, lagos... A veces elegimos un camino diferente.

Donde nos esperan fantásticas criaturas, que se asoman curiosas a nuestro paso.

¿O sólo lo soñamos?

Y, tras alzar los ojos hacia el último segundo de luz, quizá vivamos también el último segundo de ese sueño.

Es el momento del retorno.


miércoles, 4 de julio de 2012

Esperanza

Portada del libro Esperanza, de Ernesto Antonio Parrilla

Título y autor/a:Esperanza, de Ernesto Antonio Parrilla.
Clave de lectura:Fútbol y vida van de la mano.
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:Disfruta de fuerza narrativa, soltura y pasión.
Música:Oda para la coronación (Zadok the Priest), de G.F. Haendel ♪♪♪

Atengámonos a los hechos: hay quienes han nacido para tocar una pelota y poner a medio mundo patas arriba, haciendo olvidar cualquier tristeza, mientras la mirada se pierde con embeleso en sus artes.

Pues bien, de la misma manera hay aquellos, como Ernesto Antonio Parrilla, cuyo talento natural es el de escribir.

En Esperanza nos presenta varias historias con el nexo común del Club Atlético Esperanza, una institución de tercera o cuarta categoría según dictan la lógica de los números y la liga regional en que compite, pero que, para don Anselmo, el narrador, significa poco menos que su propia vida.

Él conoce cada detalle desde el momento de la fundación, año por año. Y ahora que ya es mayor desea compartir con un cronista ciertos hechos, protagonizados por otros personajes del pasado que también le dedicaron su sudor.

El primer partido, allá por el año 18, inicio de la lucha sin tregua contra el poderoso Sportivo. El fantasma cuyos gemidos nocturnos atemorizaron la cancha.

El clásico imperecedero del 72, cuyo resultado decidiría el campeonato. De qué extraña forma una imagen religiosa los salvó de la bancarrota. Un soborno que pudo haber destruido el honor del club...

Son sus principales virtudes la fuerza narrativa, la soltura y, sobre todo, la pasión. Lo recomiendo con gran placer.


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Fue el Flaco Barril quien, cuando iba abandonando el campo de juego por el perímetro, justo detrás del arco de Sánchez, se percató del fallo garrafal de su compañero y, sin pensarlo dos veces, volvió a meterse en la cancha, corrió hacia el área chica y de un puntazo, antes de que el balón cruzara la línea de meta, lo alejó tan distante como pudo. Fue el Flaco Barril el que nos hizo salir campeones y también el que desató aquel (permítame la palabra) despelote.

martes, 19 de junio de 2012

Memorias encontradas en una bañera

Portada del libro Memorias encontradas en una bañera, de Stanislaw Lem

Título y autor/a:Memorias encontradas en una bañera, de Stanislaw Lem.
Clave de lectura:Todo se derrumba y hay que vivir como siempre.
Valoración:✮✮✮✮✮
Comentario personal:Escritor y novela extraordinarios.
Música:To the Unknown Man, de Vangelis ♪♪♪

Stanislaw Lem escribió Memorias encontradas en una bañera alrededor de 1960. Muchas cosas han pasado desde entonces; sin embargo, ¿por qué esta novela sigue manteniendo un aura de credibilidad bajo su ropaje satírico?

¿Se trata de un futuro que ya no puede cumplirse? ¿De verdad?

Dentro de algunos siglos, los historiadores estudiarán extrañados la época actual, el Neogeno Tardío. Apenas quedan evidencias de nuestros logros, aunque se supone que habíamos alcanzado la cúspide de la civilización.

Más nos valdría haber legado inscripciones en piedra, ya que, cuando una sonda de exploración espacial volvió a la Tierra transportando el catalizador alienígena que desintegraba el papyr, todo se derrumbó.

Papyr, un término cuyo influencia sobre la vida de los individuos aún se discute por los expertos. Algunos plantean que quizá fuera una deidad con múltiples encarnaciones: Thoolar, Bool-Sah o Kap-Eh-Taal, por ejemplo, de culto ampliamente extendido.

De lo que no cabe duda es que todo el saber científico se depositaba en él. Su pérdida supuso el gran colapso.

Por ello es tan importante el hallazgo arqueológico de un complejo de túneles bajo las Montañas Rocosas. Allí, en una bañera, bajo los restos de dos esqueletos, ha aparecido un rollo con el relato de alguien que lo presenció de primera mano: Las notas de un hombre del Neogeno.

Lem es un escritor extraordinario y este libro supone una de sus mejores creaciones.

No es difícil identificar una crítica al «sistema» en sentido amplio, a través de un protagonista que deambula por pasillos y oficinas de un inmenso refugio atómico, desde el cual se dan órdenes contra unos presuntos enemigos a las que ya nadie hace caso.

Donde el poder es... de papel.


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Entré primero en la Sección Verística, luego en la Sección de Desinformación, donde un funcionario de la Sección de Presiones me dijo que debía subir al octavo piso, pero allí nadie quiso ni siquiera hablarme; iba extraviado entre una multitud de altas jerarquías, cada corredor resonaba de enérgicas pisadas y golpes de puertas y tacones; se mezclaba con estos ruidos marciales la música cristalina de unas campanitas que me recordaban cascabeles de trineos.

domingo, 10 de junio de 2012

Un encuentro de dos

Portada del libro Un encuentro de dos, de Iris Hanika

Título y autor/a:Un encuentro de dos, de Iris Hanika.
Clave de lectura:¿Le gusto? ¿No le gusto?
Valoración:✮✮✮✩✩
Comentario personal:Una comedia ligera para entretenerse un rato.
Música:De qué callada manera, de Pasión Vega ♪♪♪

¿Cuál es la primera impresión de Senta sobre Thomas?

Cuarenta y tantos, pectorales algo caídos, brazos demasiado largos, corte de pelo antediluviano, gusto discutible al elegir la ropa, incluso un ojo que... ¿bizquea ligeramente?

Pero ese color verde tras los párpados la vuelve loca cuando él se la queda mirando.

¿Y Thomas? ¿Qué piensa él de Senta?

Los protagonistas de Un encuentro de dos, de Iris Hanika, han salido a despejarse una noche de verano berlinesa.

Thomas se siente hastiado de su trabajo como analista informático. O, más que de su trabajo, de la monotonía existencial, de levantarse cada día a la misma hora, hacer las mismas cosas, volver a su casa como siempre...

Lo mejor es «cerrar el programa, detener el proceso, borrar la memoria». Un par o dos de cervezas ayudarán.

Senta, al cuidado de una galería de arte sin clientes, se encuentra deprimida porque llama a la puerta del amor, pero no le abren. No consigue que un tal Rainer se interese en ella y, más atrás en el tiempo, sus intentos de construir algo duradero siempre han fracasado.

El escenario, un bar de la Oranienstrasse que ambos frecuentan en horarios diferentes, pero en el que en esta ocasión han coincidido. Dos extraños. ¿Dará uno de ellos algún paso? ¿Quién? ¿Se comportarán por el contrario de forma «educada» y pasarán de largo tras una última mirada de soslayo?

Mi impresión... Mmm... Me gustan sus intenciones, la frescura del planteamiento y la construcción empática de los personajes, sus maneras de ser diferentes.

En el debe: literariamente un poco floja. Para ser creíble, más allá del tópico de «no dejes pasar la oportunidad», hubiera necesitado ofrecer un desarrollo más rico de la historia.

En resumen, una comedia ligera para entretenerse un rato.


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Pensó en preguntarle por su profesión o por su origen, adónde iba, qué esperaba de la vida, pero lo desestimó, pues en ese instante lo más importante era averiguar si volverían a verse y si más adelante se casarían, y si él quería tener hijos o no. Más importante que el matrimonio o la planificación familiar, de todas formas, le parecía la cuestión de si se verían de nuevo.