Nuestro mundo busca la felicidad por vías de lo más insospechadas.
Los automóbiles, los pasteles, la cerveza…
El amor, la playa, los refrescos de cola…
El rock, los cigarrillos, las rubias de falda corta encima de poderosas máquinas…
Nuestro mundo busca la felicidad por vías de lo más insospechadas.
Los automóbiles, los pasteles, la cerveza…
El amor, la playa, los refrescos de cola…
El rock, los cigarrillos, las rubias de falda corta encima de poderosas máquinas…
Su música: muchas veces, una mano en el hombro.
Siempre un antídoto para el odio y también para la amargura.
Muchas veces. Siempre.
(En recuerdo de Chick Corea).
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Clásica, folk, rap, fusión...
Resulta difícil enclaustrar detrás de etiquetas canónicas, a menudo jaulas, la música de Ara Malikian para su estupendo álbum
Y del todo innecesario.
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| Título y autor/a: | Las ciudades blancas, de Joseph Roth. |
| Clave de lectura: | Viaje a un mundo que parecía imposible tras la Gran Guerra. |
| Valoración: | ✮✮✮✮✩ |
| Comentario personal: | Nuestra ilusión se hace un poco más grande. |
| Música: | Lo gens cors honratz, de Gaucelm Faidit ♪♪♪ |
Después de la Gran Guerra, Joseph Roth viaja a la Provenza. Huye de un mundo gris y devastado. Quiere conocer Lyon, Vienne, Tournon, Aviñón, Les Baux, Nimes… Las ciudades blancas.
Entra en ellas y recorre sus calles, sus plazas, sus monumentos. Observa a quienes las habitan. Camina por el tiempo, por el presente y el pasado.
Y escribe. Escribe…
Escribe lo que ve y lo que siente.
Las voces de los antiguos romanos, las canciones de los trovadores medievales, la poesía de Mistral.
Ecos que aún resuenan en lugares donde «cada persona, joven o vieja, lleva cinco razas en su sangre, y cada individuo es un mundo de cinco continentes».
Donde «todos entienden a todos y la comunidad es libre, no obliga a nadie a adoptar una postura determinada».
Y, gracias a un libro tan pequeño, nuestra ilusión se hace un poco más grande.
En general, aquí no resulta difícil amar. El amor se coge al borde del camino. Crece en abundancia como los frutos más exquisitos. La tierra está llena de jugo y de energía. El arbusto los alimenta a todos.
¿Música para hoy? ¿Para el día 21 del año 21 del siglo 21?
Como si necesitáramos anécdotas de calendario para escuchar maravillas en el blog...
El
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Nieve. Frío. Días que invitan a recogernos, si es que tenemos la fortuna de disponer de un techo.
Nieve y frío y el
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Charlando en cierta ocasión con alguien de planteamientos políticos muy alejados de los míos, me hizo una curiosa pregunta: «¿Qué entiendes por democracia?».
Me quedé chocado. ¿Acaso podía ser democracia una palabra polisémica, como cubo, hoja o pico?
En aquel momento contesté con una retahíla de características: reglas de participación, derechos, instituciones, responsabilidades… Todo lo que tendría cabida en un manual de teoría del Estado.
Pero creo que no di en el clavo. Porque una cosa son las cualidades y otra la esencia.
La democracia es, ante todo, una convicción espiritual. Una fe, si se quiere.
Un «algo» casi tan inclasificable como la amistad o el amor.
Un deseo por el bien común, con sacrificio voluntario de parte del bien personal.
Y diferente a la dictadura de los votos, dicho sea de paso.
Cuando el bien común se convierte en una frase de boquilla, un eslogan, cuando nos aprovechamos del sistema para favorecer intereses espurios, cuando hacemos aspavientos en nombre del progreso, la libertad, la patria o cualquier otro seudovalor para camuflar un simple y llano «ahora mando yo, os vais a enterar»…
Se acaba asaltando el Capitolio y lo que haga falta.
¿Qué mensaje me gustaría escribir hoy? ¿Algo que simbolizara la idea de un nuevo comienzo?
Quizá baste con una sencilla imagen: la puerta de cierta cafetería frente a la que pasé una vez.
2021 ante nosotros...
Existe una ciudad bajo tierra.
De roca horadada, de túneles laberínticos.
Lugar de oscuridad y protección.
He estado allí.