martes, 6 de diciembre de 2022

Brevísima y elogiosa nota sobre… (CVI)

Hoy, día de mi fiesta nacional favorita, con toda la solemnidad que reclama la ocasión, vengo a decir en voz tonante que…

Que Tip y Coll eran la pera.

Luis Sánchez Polack y José Luis Coll.

Y si acaso alguien osara discutirlo, traigo pruebas palpables a esta tribuna. Palpables y catables: toda una Tip y Coll orgía.

El humor es un rasgo con tantas variaciones y peculiaridades culturales, que su definición resulta muy compleja. Incluso contradictoria.

¿Por qué se desternilla un japonés de algo que a un español le produce apenas perplejidad? ¿Exige el humor inglés haber estudiado en Eton para entenderlo? ¿Alguien ha oido hablar de los chistes en alemán? ¿Podría robarnos la carcajada un italiano si le atáramos las manos a la espalda?

Pero en vez de empeñarnos en buscar las diferencias, en "racionalizar" la causa aparente de la hilaridad, ampliemos un poco el sentido de la pregunta. Planteémonos su origen último. La misma necesidad que, a lo largo y ancho de nuestro mundo, aquí y en las quimbambas, todos manifestamos: reír. ¿No será un rasgo de unión, de felicidad, de profundísimo sentido de lo humano?

¿No merece el humor un podio en la lista de cosas —cosas, búsquedas, sentimientos…— que realmente son imprescindibles para vivir?

Me da la sensación de que Tip y Coll así lo entendieron.

El suyo es un humor basado en la palabra. En el doble sentido, el equívoco, el matiz, el absurdo inteligente.

Si de algo adolece este libro es quizá que debemos leerlo, valga la paradoja. Si pudiéramos escucharlo, y más con las voces y gestos de sus autores, saldría ganando.

A lo largo de sus escenas y diálogos se desarrollan temas que, no por tratarse con óptica cómica, pierden su relevancia social: política, antimilitarismo, burocracia, arte, literatura, biología, especulación filosófica…

Con un estilo irreverente, siempre de buen gusto, cuyo origen me parece adivinar en las greguerías de Ramón Gómez de la Serna y que otros clásicos inmortales como Les Luthiers, para que nos hagamos una idea del nivel de nuestro dúo, han sabido llevar hasta la cima.

Ay, si nos riéramos más de nosotros mismos…




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