miércoles, 15 de junio de 2022

Brevísima y elogiosa nota sobre… (XCVI)

¿Puede escribirse otro libro sobre nuestra mayor tragedia? ¿Uno de historia?

¿Uno que no dé vueltas alrededor del victimismo, sino que se apoye en la investigación rigurosa, los hechos indiscutibles, las interpretaciones serias y ponderadas?

¿Un libro del que no quede otro remedio que alabar, por parte de cualquier lector sin una venda en los ojos y en la conciencia, la calidad de su escritura y la luz que aporta al conocimiento?

¿Puede ocurrir tal cosa?

Pues sí. Así serían, sin ir más lejos, algunas de las virtudes que exhibe Enrique Moradiellos en su Historia mínima de la Guerra Civil española.

El nombre y el trabajo de Moradiellos descollan enseguida si nos preguntan por un historiador de los que sientan cátedra, al tiempo que "con gancho" para comunicar. Al menos, mis impresiones sobre aquellas de sus obras que he leído han sido siempre la fluidez y la riqueza intelectual.

El título que recomiendo hoy no supone una excepción. Si acaso, por exponer un conato de queja, se hace corto.

Lo de historia mínima va de veras.

Esta característica deriva en que, por ejemplo, resuma demasiado panorámicamente la parte militar. Por supuesto, plantea las visiones estratégicas que motivaron a los responsables de ambos bandos a efectuar sus movimientos en el tablero, pero no profundiza en el desarrollo, en por qué cada acción tuvo el resultado que tuvo.

A destacar, por su especial perspicacia, el primer capítulo: La Guerra Civil entre el mito y la historia, donde se recuerdan las diferentes posturas dominantes en el relato a lo largo de los años, con respuestas simplificadas que cada simpatizante quería escuchar de antemano y que aún hoy siguen causando más daño que bien en la educación de la memoria común.

Aunque no le vayan a la zaga en detalles interesantes los demás apartados sobre el entorno político, la economía, la sociedad o las implicaciones internacionales del conflicto.

Ni el inmenso e irreparable coste humano que fue su consecuencia.

Por todo ello, gracias, don Enrique.



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