jueves, 5 de mayo de 2022

Brevísima y elogiosa nota sobre… (XCIII)

El pianista Glenn Gould explica por qué eligió cada pieza específica de Bach que suena en la película. Su intención habría sido trascender las escenas, no acompañarlas en segundo plano. Crear con la música una intrahistoria, un viaje a través de las diversas etapas en la existencia del personaje principal.

Billy vagando por los bosques de las Ardenas, conmocionado por el estruendo de la artillería y los panzer… Su traslado a un campo de prisioneros en Dresde… La destrucción de la hermosa ciudad por el bombardeo de 1945… El retorno a casa… Su trabajo, su esposa, sus hijos… Los paseos por el espacio y el tiempo entre la Tierra y el planeta Tralfámador, donde Billy, según su testimonio, es expuesto en el zoo en compañía de la actriz Montana…

Antes de la película, Kurt Vonnegut había escrito el libro en el que se inspira. Escucho el disco de Bach mientras pergeño la nota sobre Matadero cinco.

Personas más sabias que yo han catalogado esta novela como uno de los grandes clásicos del pasado siglo, así que supongo que mi tardanza en acercarme a ella me hace reo de alguna falta. Al menos, de un pensamiento culpable. So it goes, es lo que hay.

Pero, por otro lado, en un mundo donde la guerra sigue siendo la rueda que gira bajo la vida —la "antivida", sería más adecuado decir— siento que no hay mejor ocasión para leerla.

Siento que la sencillez y la profundidad de sus páginas, sin ninguna contradicción entre ambos términos, se manifiestan hoy con pleno significado.

No sé qué podría reseñar con un mínimo de originalidad. Algo que compense a quien haya llegado a las Tres corcheas y se encuentre leyendo estas líneas. Es tanta, precisamente, la libertad de pensamiento que nos ofrece Vonnegut…

La figura de Billy, lo contrario al arquetipo del soldado, inmerso en la lucha de forma risible, sujeto a un cautiverio humillante, testigo de acontecimientos inabarcables, y que, como si fuera idiota, resume cada una de sus experiencias con un descuidado «es lo que hay», nos desvela el destino del ser humano.

Peleles, ni siquiera marionetas movidas por hilos, muñecos de trapo lanzados aquí y allá por fuerzas que no vemos, no elegimos, no sabemos controlar.

Las continuas líneas cruzadas entre la cotidianidad —empleo, familia, amigos— y lo extraordinario —la capacidad de Billy para recorrer el universo a voluntad, con su presente, pasado y futuro abiertos ante él, convirtiéndose así en "inmortal"—, nos sugieren una vía de escape.

Quizá interior —nadie le cree cuando cuenta algo tan fantasioso, incluso los más allegados se lo reprochan, como salidas de tono impropias de un hombre de clase media acomodado—, pero una puerta al fin y al cabo.

Y, en conjunto, no me cabe duda de que Matadero cinco merece con creces el podio al que personas más sabias que yo la han elevado.

Memorable. Es lo que hay.




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