miércoles, 14 de julio de 2021

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXXV)

Es curioso.

Todo cambia con el tiempo, igual que los rayos de luz capturados en una pintura. Por la mañana, el mundo que reflejan es uno, y por la tarde…

Según iba leyendo este libro, me decía a mí mismo: sí, todo está en su sitio. Todo resulta agradable, los personajes, la ambientación, las palabras elegidas por Tracy Chevalier

Además, la preciosa banda sonora de Alexandre Desplat para la película homónima danzaba suavemente en mi cabeza.

Y sin embargo, no era mi historia. La observaba desde fuera, desde el umbral de las páginas, con displicencia, pero no conseguía entrar en ella.

Griet comienza a servir en casa de Vermeer. Lava, cose, friega, va al mercado. Tanneke, Catharina, Maria Thins, Cornelia y su hermano y hermanas, Pieter, van Ruijven, van Leeuwenhoek, se mueven junto a ella en la gran escena.

Lo más importante es que no debe alterar el lugar exacto de los objetos mientras limpia el estudio del señor. Un lugar casi prohibido para los demás miembros de la familia.

Cada elemento de la historia en su sitio, pero sin aparente fuerza. Sin aparente pasión. Naturaleza muerta.

Es curioso. ¿Qué me hizo cambiar de percepción? ¿Cuándo empecé a recorrer las líneas de La joven de la perla bajo una luz diferente? Lo que fuera que antes le faltaba se asomaba ahora, adueñándose poco a poco de la pintura escrita.

Haciendo que el conjunto de emociones ocultas cobrasen sentido.

Llenando el lienzo de vida.

Como la joya del retrato.




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