jueves, 10 de junio de 2021

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXXIV)

Qué difícil debe de ser la existencia de un visionario.

Mientras las medianías −sin ánimo de ofender− contemplamos apenas la siguiente casilla en nuestro tablero de ajedrez vital, trasladándonos a ella de forma predecible, como peones...

El visionario pone sus ojos más allá. Anticipa los movimientos, los entrelaza, advierte cómo las oportunidades de una idea sin importancia aparente se convierten en infinitas.

Sueña.

Y los demás nos sonreímos, sacudiendo la cabeza con incomprensión o burla.

Hasta que, mucho después, acaba llegando el día. Ese en el que declaramos: era un genio. Y le hacemos homenajes, leemos sus libros, rodamos películas…

Philip K. Dick. ¿Quién si no?

El mundo que Jones creó es una novela primeriza. Si la comparamos con títulos posteriores, se nota que las hechuras están aún lejos de lo maravilloso.

Pero tiene una imaginación tan desbordante que resulta difícil no admirarla.

En un planeta de posguerra, que gobierna el Fedgov sobre principios relativistas, un grupo de personas habita en un refugio construido especialmente para ellos: limo, géiseres, atmósfera saturada de amoníaco, temperatura ambiente entre 37 y 38 grados… Resulta que apenas sobrevivirían fuera de sus paredes, pese a que son "libres" de salir si así lo desean.

En el exterior han empezado a aterrizar unas criaturas con aspecto de ameba, los derivos. Dicen que son organismos alienígenas que vagan sin rumbo por el espacio. ¿Inofensivos?

Y, por supuesto, está Jones. Personaje salido literalmente de una feria, con la capacidad de conocer el futuro con un año de antelación. Que ha organizado su propia iglesia y cuyos adeptos se multiplican. Un dolor de muelas para las autoridades, encarnadas por el agente del servicio secreto Cussick.

Vehículos sin conductor. Videoteléfonos. Cantantes famosos ya fallecidos y sustituidos en los escenarios por réplicas robóticas exactas. Todo ello escrito en… 1954.

Elogiosa nota, claro.




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