miércoles, 16 de septiembre de 2020

Brevísima y tibia nota sobre… (V)

Grrrrrr, grrrrrr, grrrrrr

Carraspeo preparatorio.

Definitivamente, las lecturas de este verano no han sido para gritar de entusiasmo. Pasan el corte, de acuerdo, pero por los pelos.

Recuerdo con gusto la primera novela sobre el teniente Andrade que cayó en mis manos. En orden cronológico sería la segunda de la serie: El tiempo de los emperadores extraños.

La continuación, Los demonios de Berlín, me pareció que tenía aspectos menos elogiables. O menos plausibles. Aun así, mantuvo el tipo.

La tercera es la que ocupa la nota de hoy: Soles negros. Y esta ya solo me convence si le pongo voluntad.

Ignacio del Valle sigue profundizando en la complejidad moral del protagonista, ascendido a finales de los años cuarenta a capitán. Y le hace acompañarse de Manolete, antiguo compañero de batallas, como fiel mastín.

El asesinato a resolver en esta ocasión es el de una niña, cuyo cuerpo ha sido descubierto en una finca de Extremadura. Tierra calificada de seca y cruel en las primeras páginas, que se convierte casi en un personaje más.

En ella, los vencedores de la Guerra Civil intentan que su reciente poder no se cuartee. Porque algunos vencidos no han firmado aún la rendición.

Los habitantes de Pueblo Adentro, ocultos tras las ventanas, sienten sobre todo hambre y miedo.

También Andrade teme que alguien le reconozca. Lo que ocurrió en Badajoz en 1936…

Y así, en busca de respuestas que le acerquen a lo que se va convirtiendo en una trama criminal con ramificaciones tan lejanas como Madrid y Asturias, los claroscuros de su conciencia no dejan mientras tanto de torturarle.

Quizá la niña hallada no es la única víctima. Ni será la última...

Las buenas noticias por delante:

La descripción de la posguerra es vívida y convincente. Los odios, el resentimiento, la miseria imponiéndose en muchos órdenes de la vida, no solo el material, constituyen un potente trasfondo para el género negro.

Hasta ahí, vamos bien.

Pero avanzamos a empellones a través de una trama tan confusa, deslavazada, con tantos personajes pululando no se sabe demasiado con qué rol, que lo anterior se ve eclipsado.

Y cuando el caso debería alcanzar su clímax ocurre… justo lo contrario.

Que alguien me explique el final. Si ni siquiera recuerdo quién era el tipo que…

O todo el episodio asturiano. Me atrevo a decir que inverosímil.

De manera que otra nota tibia al zurrón. Ojalá el título que inaugura la saga, El arte de matar dragones, cuando llegue a él, me quite el sabor agridulce.




No hay comentarios: