domingo, 12 de abril de 2020

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXV)

Ah, la clase media…

Si tenemos la suerte de una vida larga y llena de libros con que acompañarla, al final la aristocracia de lo leído, la crème de la crème, con sus títulos, nombres, patronímicos (si acaso hay personajes rusos) y oropeles en nuestra memoria, será con seguridad más escasa que la clase media.

Pero tenemos que apreciar esta en su justo valor.

Por ejemplo, novelas que no llegan a lo excelso pero están bien escritas, proponen una trama sólida, una ambientación conseguida y que, en resumidas cuentas, nos regalan estupendas horas pegados a sus páginas.

Como Ciudad de ladrones, de David Benioff.

Aquí aparecen muchos rusos. Y algunos alemanes también. No en vano, los protagonistas se encuentran en medio del asedio de Leningrado, a principios de 1942.

El propio autor relata que su abuelo mató a dos alemanes antes de cumplir los dieciocho años, pero él desconoce el origen de esa historia. De manera que, en cierta ocasión que va a visitarle, a él y a su abuela, a su retiro de Florida, les pregunta sobre sus experiencias en la guerra.

Y así se desgrana una aventura que da comienzo con el adolescente Lev viendo descencer el paracaídas de un "Fritz" derribado, desde la azotea del edificio de apartamentos Kirov. Capturado por el NKVD tras saquear las pertenencias del aviador enemigo, solo le cabe esperar el fusilamiento.

Aunque no ocurre así, para su sorpresa. Al menos, no inmediatamente. Ni tampoco ejecutan al soldado con quien comparte su celda, el singularísimo Kolya, a pesar de que es la pena sumaria para los acusados de desertar.

El trato es este: si encuentran una docena de huevos en la ciudad sitiada, destinados a preparar un pastel para la boda de la hija de un coronel, olvidarán sus actos de traición.

El coronel cree que ambos, como buenos ladrones, serán capaces de llevarle lo que sus hombres no han podido hallar.

El Mercado del Heno, que resulta un lugar lleno de peligros. Una casa tras las líneas, frecuentada por oficiales nazis. La desconfianza de un grupo de partisanos, incluída la joven francotiradora Vika. La implacable crueldad de Abendroth, al mando de los Einsatzgruppen que peinan el bosque…

No sé hasta cuándo me acordaré de ella, pero a mí esta obra me ha gustado mucho.




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