sábado, 4 de abril de 2020

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXIV)

Me interesaría mucho una futura versión extendida de este libro. Una en la que el autor añadiera expresiones acuñadas por varias figuras públicas en los días del asedio.

Como preludio a esta nota he de hacer una advertencia: a quien tenga una cosmovisión con sesgo marcadamente contrario al de Nicolás Sartorius, más le vale ir prevenido. Que no se sulfure.

Un diputado del PCE "de los de antes", y portavoz de su grupo parlamentario durante años, no va a adoptar posiciones tibias en una serie de temas polémicos. Tiene claras sus posturas.

Lo cual, creo, resulta de agradecer. En esta época "líquida", como la bautizó el filósofo Zygmunt Bauman, encontrar a alguien con convicciones razonadas, aunque no sean las propias, merece cierto reconocimiento.

El texto que quiero comentar es La manipulación del lenguaje. Por subtítulo, Breve diccionario de los engaños.

Lo más impresionante que yo he leído en mi vida acerca de este tema, obra para salvar en la proverbial isla desierta, sería La lengua del Tercer Reich, por supuesto, de Victor Klemperer.

De qué manera palabras del idioma se retuercen para adaptarlas a idearios y mensajes capciosos, de qué manera la gente, incluso la bienintencionada, empieza a usarlas, validando su sentido espurio…

En una aproximación menos ambiciosa, pero desde luego muy digna, Sartorius desgrana conceptos que se han introducido en nuestra vida, algunos ya con solera: armas inteligentes, clases medias, como no puede ser de otra manera, crecimiento negativo, derecho a decidir, dinero B

Estado de bienestar, fascista, izquierda abertzale, judicializar la política, los mercados, neoliberalismo, populismo, por imperativo legal, reformas estructurales, régimen del 78, república catalana, socialismo y comunismo, voto útil

Y se podrá estar de acuerdo con lo que escribe en todo, en nada o en parte (en mi caso particular, la parte a favor tiene una ponderación no desdeñable, sin que por ello el resto deje de chirriarme o incluso lo discuta abiertamente).

Pero contiene advertencias que resultan demasiado valiosas como para dejarlas caer en saco roto. Si no queremos que se convierta en un escenario de cartón piedra, la libertad política debe cimentarse sobre la interpretación crítica de lo que nos cuentan –o no nos cuentan−, no sobre eslóganes de papagayos.

En resumen, lo recomiendo sin vacilar.



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