martes, 11 de junio de 2019

Brevísima y elogiosa nota sobre… (XXXV)

Vamos a ver…

No es que Feliz norte sea una mala novela, al contrario. Árpád Kun incluso ha ganado un premio con ella.

Mi queja, por llamarla de alguna manera, viene de que podría haber sido aún más singular. Tal como se desarrolla en la primera parte, crea unas expectativas mayores.

Porque resulta un hallazgo la descripción del mundo de Aimé Billion, el protagonista. Nacido en Benín, de madre africana y padre franco-vietnamita, se cruza por la calle con vivos y muertos por igual. También los dioses y espíritus del vudú ejercen su influencia sobre el destino de cada persona.

Al fin y al cabo, su abuelo es un hechicero sanador con el poder de Legba, la abuela resucita en otro cuerpo tras enfrentarse en el más allá a un morabito que amenaza a la tribu de los bnokimos, y su madre se acompaña siempre de serpientes para recordar que casi se convirtió en sacerdotisa de Dan, la pitón desganada pero benévola.

La segunda parte parece querer continuar en esa línea. Ya adulto, Aimé decide aprovechar la nacionalidad europea del padre y emigrar. Aterriza en Francia, donde se encuentra consigo mismo, un "yo alternativo" con la vida que habría tenido de haber tomado la decisión muchos años antes. Y continúa su periplo hasta Noruega, donde se asentará gracias a su genial facilidad para los idiomas.

¿Podrá ser feliz en un ambiente tan distinto, la granja de la Cascada Loca en el municipio del Cerro del Gallo, donde los habitantes leen las noticias del Cuerno Vikingo? Lo descubriremos en esta segunda y en la tercera parte.

Y justo es aquí donde se produce el punto de inflexión. La especie de "realismo mágico" se diluye, y aunque sigue salpicando ciertos aspectos del relato, se convierte en un "realismo realista", quizá no tan sugestivo. Hay que esperar a las últimas páginas para que el propio autor nos aclare el cambio.

En resumen: están locos estos noruegos…


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