martes, 19 de junio de 2018

Brevísima y elogiosa nota sobre… (XVIII)

Tengo que reconocerlo, aunque parezca paradójico: si algo tiene útil la ponzoña nazionalista, es haberme hecho descubrir últimamente unos cuantos libros de altura intelectual.

Por ejemplo, en mi imaginario yo tenía a Albert Boadella como un irreverente. Un autor que se vale de la sátira en sus obras, para desnudar miserias.

Pero aún me faltaba por agradecerle su nivel de compromiso con la verdad.

Por eso, su último libro casi ha hecho que me conmoviera. Estoy por promover una campaña de firmas para que se lea en todos los colegios, en cualquier asignatura que tenga algo que ver con la ética.

(Si es que todavía se siguen estudiando tales cosas en el colegio).

La cuestión, como decía, es que Boadella cuenta verdades. De esas bien gordas, de las que exclamas: ¡pero si la Tierra es redonda! Y sin embargo, hay quienes se inventan un mundo teocrático paralelo.

Una de las virtudes del texto consiste en que se trata de un testimonio de primera línea. El de alguien que ha tenido que exiliarse como adversario de los delirios supremacistas de una mitad de la sociedad catalana, que han desembocado en el intento de asalto a la soberanía democrática.

Otra, igual de importante, es su sello, el sentido del humor. La constatación de que podemos reírnos de todo ese absurdo sin dejar de combatirlo.

Y el tercer elogio es su convencimiento de que no es demasiado tarde, de que, aunque muchos habían permanecido en silencio por miedo a significarse contra la degradación, eso se ha acabado. Está claro lo que nos jugamos: su analogía con la toma del poder por los totalitarismos en la Europa del pasado siglo no puede ser más acertada.

En suma, un ensayo impecable, cuyo contenido llama a la puerta de la conciencia y del que no cambiaría su lectura por ninguna otra. Solo me queda una cosa más por expresar.

¡Viva Tabarnia!



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