lunes, 7 de mayo de 2018

Reflexiones de mayo (II)

El papel de los sindicatos es importantísimo.

Mejor dicho: fue importantísimo.

Todos los que tenemos que ganarnos cada día las lentejas haríamos bien en recordarlo. Recordar cómo eran unas vidas sujetas a la peor cara del capitalismo talibán, cuando nuestros antecesores comenzaron a organizarse.

Haríamos bien en recordar que la dignidad y los derechos que ahora damos por naturales no se lograron así como así.

Y aunque, en lugar de avanzar, parece que el mundo esté involucionando, como mínimo se ha llegado muy lejos desde aquel punto de partida. Mérito en gran parte del asociacionismo laboral.

Entonces, ¿por qué cambio el tiempo del verbo al pasado?

Porque, en mi opinión, los sindicatos han perdido el norte.

Los extremistas se han quedado fosilizados en lo de la famélica legión. Con la experiencia que nos dan los últimos cien años de historia, la arcadia que proponen como alternativa tampoco resulta demasiado convincente.

Y los pragmáticos, los integrados en el sistema, ya no defienden al trabajador en general. Hemos quedado por detrás de otros intereses.

Intereses de grupos, de sectores, localistas. Chiringuitos y lobbies. Migajas de poder. Es lo que hay.

Y ya, cuando ves a algún dirigente esperando sacar provecho por manifiestarse junto a los nazionalistas, esos que echan espuma de rabia porque la democracia no se deja derribar tan fácilmente...

La puñalada que nos faltaba.

Qué pena, de verdad. Qué pena.



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