jueves, 15 de marzo de 2018

¡Sobrecarga!

Pienso meterle una demanda.

Por lo civil, por lo cibernético y por lo eclesial.

Del achatarramiento al exorcismo, voy a pedir de todo.

¿Pues no entro en el ascensor después de comer y va y me dice: «Cerrando puertas»?

Y luego: «Bajando».

Y de repente: «¡Sobrecarga, abandonen la cabina! ¡Sobrecarga, abandonen la cabina! ¡Sobrecarga, abandonen…!»

¡Sobrecarga! ¡Si voy yo solo! ¿Pero qué insinúa este montón de… de… tuercas?

Daños morales, hombre, que ya se nos están subiendo las máquinas a las barbas.



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