sábado, 3 de agosto de 2019

Brevísima y elogiosa nota sobre… (XLIV)

Tirano Banderas es una novela nada fácil de leer.

No por la historia en sí, que va moviéndose continuamente entre personajes extremos, ridículos, oportunistas, patéticos… esperpénticos. Todos sujetos al vórtice de Santos Banderas. El general.

Una historia en que la opresión alcanza a cada habitante de la República de Santa Fe de Tierra Firme. Algunos la sufren y otros se aprovechan de ella.

Donde no hay un momento de respiro, donde disfrutar un día del favor del tirano puede convertirse en condena al siguiente.

No, la dificultad deriva más bien del lenguaje con que está escrita. Casi diría que Ramón del Valle-Inclán se lo inventó ex profeso.

Un panegírico del español americano, aunque tampoco el que se habla en ningún sitio concreto. Una explosión de términos vueltos a la vida que a menudo me ha hecho dudar.

«Destacáronse dos caporales que, a modo de pretinas, llevaban cruzadas sobre el pecho sendas pencas con argollones, y despojaron al reo del fementido sabanil que le cubría las carnes».

Confieso en público que las pretinas, las pencas y los argollones no los tenía en mis registros habituales, por ejemplo. Y así de la primera a la última página.

Recapitulando: Tirano Banderas es una novela nada fácil de leer.

Pero que no se puede dejar de leer.



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