martes, 16 de julio de 2019

Brevísima y elogiosa nota sobre… (XL)

Me gustaría tener tanta imaginación como Rudolf Erich Raspe.

Y es que, por más que le doy vueltas, sigo sin una imagen clara de cómo llegó a mi biblioteca un ejemplar de Las aventuras del barón Münchausen… en holandés.

¿Qué olvidados trabajos me acontecerían para obtener ese volumen? ¿Sería botín de Marte, con pífanos y tambores en aquella tierra de molinos? ¿O quizá presente de Venus, a manera de kermesse heroica?

Nada, que no me acuerdo.

Bueno, el caso es que al lado apareció la hermosa edición española ilustrada por Javier Zabala, y esa es la que he leído.

Algo más tardío que el Gulliver de Swift, y con un siglo por medio con el Viaje a la Luna del ínclito Bergerac, sugiere no obstante ecos de ambos.

Ese recurso al absurdo, a la exageración suprema para satirizar tantos comportamientos humanos…

Pero es el propio barón quien, protestando de que pudiéramos poner en duda su honor, insiste en que todo es real: el lobo que arrastró su trineo por Rusia, las batallas al mando de un cuerpo de húsares, los estragos causados a los papistas que asediaban Gibraltar, las andanzas turcas, ceilanesas o más allá, en la isla del queso, en el estómago del monstruo marino, en los reinos selenitas…

Una amplia sonrisa al acabar, qué mínimo.


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