lunes, 3 de julio de 2017

Crónica sabatina

Pues pensaba comentar lo mucho que me gustó la Madama Butterfly del sábado.

Mucho, mucho.

Pero en realidad lo que se me ha quedado en la retina vino más tarde, cuando quise volver a casa.

Ya me veía pillado en el centro hasta las luces del domingo. O el lunes, yo qué sé.

Por cualquier calle que tomara, las vallas me echaban para atrás, los guardias me decían que buen intento, majete, y los tsunamis humanos me arrastraban a la casilla de salida.

¿Cómo? ¿Coger el metro? Jua, jua, jua.

Y cuando conseguí enfilar en dirección contraria, porque ya me daba igual practicar un poco el maratón…

Un paisaje como el de Mad Max.

Como el de Terminator.

O un apocalipsis zombi.

Aquello no eran toneladas de basura, era lo siguiente en la escala métrica.

Y un ejército de camiones, tractores e infantería de trinchera con escobas avanzando difuminado entre ráfagas naranjas, tras las nubes de polvo.

En fin, que el sábado salió la leche de gente.


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