miércoles, 24 de mayo de 2017

Giselle

Ciudad de Antigua, Fonda de la Calle Real. Después de la gallina a la criolla, me tomo el café.

Ellos comen en la mesa de al lado.

−¿Te gusta una chica, José?
−Mmmmmm –el chaval murmura algo con la cabeza gacha.
−¡Ay, cuéntame, rey! ¿Cómo se llama?
−Mmmmmm –igual de ininteligible.
−¡Giselle, qué nombre taaaaan bonito! ¿Y está a tu nivel?
−Mmmmmm –yo sigo sin oírle, aunque ya se encarga la cuestionante de hacer vox populi el anhelo de su retoño.
−¿Sí? ¡Qué lindo, papito!

Papito, ni mu. Para mí que también se encoge un poco.

Y entonces…

Bueno, es que si en ese momento hubiera aparecido un tipo en la sala proclamando que era el tío abuelo de Giselle recién recuperado de un ataque de amnesia, o entrado a caballo por la ventana un compañero del cole de José para desafiarle por su amor, ya me hubiera quedado más tiempo para ver el culebrón entero.

Pero como no pasó nada de eso, pagué y me fui.



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