lunes, 8 de mayo de 2017

Bomarzo

El que sale delante de mí en el intermedio explota de improviso:

–¡Una basura!

Lo repite varias veces, todo indignado, agitando el puño inquisitorial:

–¡Una basura, una basura, una basura!

Justo en ese momento iba yo a comentarle al colega que viene conmigo:

–Vaya, ha estado bastante bien, ¿eh?

A la vuelta para el segundo acto, así a ojo, el treinta por ciento de las butacas ha desertado.

¿El libreto? ¿La música? ¿La escena? A saber.

Cuando acaba la obra, el setenta por ciento restante aplaudimos largo rato.

Y es que la ópera es como la política: alegrías, tristezas...


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