domingo, 15 de enero de 2017

Pongamos que hablo de Madrid

Nada más poner el Ayuntamiento los farolillos para adornar el desfile del solsticio, la gente empezó a choricearlos.

De dos en dos, tres en tres, de cuatro en cuatro… Todos los que les cabían bajo los brazos. Al no poder arramplar con más debían de estar rabiando.

Incluso a una señora, cuando alguien la interpeló, se le ocurrió contestar toda ofendida que se los llevaba porque los había pagado de sus impuestos.

Así que hala, candados en las farolas por si acaso.



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