miércoles, 30 de marzo de 2016

A la escucha

¡Sí, sí, sí! ¡Yupi, yupi!

¡Ha venido el cartero!

¡Y ha traído el CD!

¡El de Morricone!

¡El del concierto de Munich!

Tengo que dejar de escribir, lo siento. Voy encendiendo el equipo, altavoces, subwoofer, girar rueda del volumen… Girar rueda del volumen… Je, je, girar rueda del volumen…



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lunes, 21 de marzo de 2016

Sueño de un domingo por la mañana

Sueño que es hora de irme. Tengo que regoger, de verdad. Pero quizá me haya dejado algo en la planta de abajo. Salgo del aula hacia las escaleras.

Ya estoy en la habitación. Abro el armario de la derecha. Está lleno de toallas. Las de color granate son mías, pero no me caben en la mochila, ya me las llevaré. ¿Y en el armario de la izquierda?

Un chubasquero. No estoy seguro de que me pertenezca, así que lo cuelgo de nuevo en la percha. Tampoco cojo ninguno de los donuts que encuentro apilados. Vaya sitio más raro para guardarlos.

Hay un hombre. No le reconozco, pero me sigue. Llego otra vez al aula, es muy grande. Al fondo está la mesa donde creo que trabajo.

Tres o cuatro personas más se sientan por allí. El hombre misterioso abre la puerta y declara la imposibilidad de resolver el problema. ¿El problema? Todos le miramos.

Habla sin parar, es un catedrático de matemáticas y se le ha ido la olla. Ahora se dirige a mí directamente: «Cuando estés reunido contigo mismo, con tu verdadero ser, y todo el mundo intente analizar los resultados del trabajo y sean absurdos, acuérdate de que es imposible».

Se va. ¿Y yo? ¿No me tenía que ir también, desde hace un rato? Entonces, ¿cómo es que de repente tengo una melena negra, un cuerpo musculoso y viajo a lomos de un elefante? Ah, es que soy Conan de Cimmeria…

Espera… No puedo ser Conan, eso sí que resulta absurdo. Por lo de la melena negra, más que nada. ¿Por qué ha cambiado el sueño de hace un momento?

Abro los ojos lentamente. Muy lentamente. A través del ventanal, la luz inunda el dormitorio.

No debería dormir tanto los domingos por la mañana.



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lunes, 7 de marzo de 2016

La prohibición de amar

−Oye, tengo entradas para la ópera, ¿te apuntas?
−¿Qué echan?
La prohibición de amar.

Primicia total. Pues sí, si se prohibe amar yo me apunto. Ya está bien de tanto cachondeo y tanto gorgorito. Que si a la soprano le pone el tenor, que si al tenor le da un subidón de hormonas, que si la contralto se muerde los puños, que si el barítono se queda a dos velas... Hombre, eso es lo de siempre. Espero que por fin nos dediquemos a temas con sustancia: algún tribuno, algún dragón, algún grial escondido... Hablamos de Wagner, ¿no?





Bueno, ya la he visto. A ver si la he entendido bien.

Estamos en Palermo: neones a tutiplén, night clubs, casinos... A Claudio le gusta la juerga. Friedrich opina, por el contrario, que más cilicio y menos ayuntamiento. Isabella es una monja. Luzio piensa que madre mía, qué bueno está el clero. Dorella anda detrás de Luzio. Los demás quieren apuntarse al carnaval. No, Brighella el guardia no, espera.

El rey se ha ido de viaje, así que Friedrich se queda de gobernador y de juez. Y decreta que el alcohol y los cariñitos se han acabado en la ciudad. Principalmente, los cariñitos. Sopas de ajo, rigor y abstinencia para todo el mundo.

Así, así. Qué bien me cae este tipo.

El guardia se lleva a toda la panda de pervertidos al trullo. Friedrich les quiere meter un puro, pero el amigo Luzio va corriendo al convento a buscar a Isabella, que es la hermana de Claudio, por si ella puede convencer al gobernador de que eso del amor, tomándolo en sentido abstracto, no está tan mal. Y resulta que en el convento vive también Mariana, la mujer de Friedrich, desde que él la abandonó para dedicarse a la política.

Lo que viene ahora, lo que viene ahora... Al gobernador lo del sentido abstracto no le pasa por la cabeza cuando ve a la monja, más bien se pone como un mandril. Manda sus propias leyes a freír espárragos y le dice que si wanga wanga, libera al hermano. Pero no te fíes, nooooo.

Isabella le explica el trato a Claudio. El tenor le contesta que ya está tardando (y eso que no sabe, como nosotros, que el gobernador es muy cuco y se lo piensa cepillar de todas maneras, después del otro cepillado). Isabella se mosquea y le quiere hacer sufrir un poquito, que no adivine su plan. Porque se le está ocurriendo un plan que... Je, je, je.

Sale el coro, otra vez con lo del carnaval. Hay disfraces. La mujer del juez se da el cambiazo con la monja. Mientras tanto, a Brighella lo que le mola es travestirse con pelucón rubio y que Dorella le dé azotillos... Nada, algunos enredos muy resumidos.

Al final tenemos a Claudio en la calle, Isabella se enrolla con Luzio (y parecía tonto), Dorella se olvida de él y se va con el guardia, a Friedrich le echan del gobierno por acostarse con su mujer... Y regresa el rey de Sicilia en un avión de la Bundesrepublik y resulta que es la Merkel, con unos cuantos maletines repartiendo euros como caramelos, para que la gente se lo pase bien.

Mmmmm, ya estamos otra vez con el cachondeo.

¿Y la música? Ah, agradable. Con chispeantes panderetas y todo en la obertura. Suena como Donizetti.

Vale, Richard, por ser tú, cuando seas mayor puedes hacer lo que quieras. Creo que la próxima es Parsifal...
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miércoles, 2 de marzo de 2016

La comida de mañana

La bella se para junto a mi mesa.

(Pausa emotiva).

¡La bella se para junto a mi mesa!

¡Y me saluda!

¡Y se pone a hablar conmigo!

A ver, entendámonos. Esto es más o menos como si Arwen descendiera de Rivendel para saludar a Gollum. Yo bien, gracias. ¿Y vuestra elfidad, vuestra excelsitud, vuestra grandeza?

Es la hora de comer y lleva una tartera con pasta a la carbonara.

Y yo, que me hallo en plena "operación sano", con la rúcula y las alcaparras como principales ingredientes del almuerzo, siento mi determinación flaquear.

No puedo evitarlo, soy su devoto siervo.

Mañana me traigo unos macarrones como dios manda, bien empapados en queso y tomate, hala.



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