martes, 24 de mayo de 2016

Aquellos ojos

Me miró fijamente.

Yo me estremecí.

Había hielo en sus ojos.

Aún quise esbozar una sonrisa, intentando despertar en ella un gesto de simpatía.

Una única palabra de redención.

Pero en vano.

Aquellos ojos...

Aquellos ojos...

Y bueno, sigo teniendo escalofríos cada vez que recuerdo a la encargada de sellar los pasaportes en el aeropuerto de Moscú.




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1 comentario:

jean carballo dijo...

Son los ojos quienes dictan sentencia de redención o condena: la interpretación se hace casi automática, aunque algunas veces nuestro intelecto nos engañe. Buen poema, Mannelig. me gusta tu manera de describir la realidad... pausadamente. Muchas veces buscamos en los ojos del contrario algo que nos identifique: nos atrae de ellos lo que nosotros somos