miércoles, 27 de mayo de 2015

La casta

De nuevo en la peluquería. Al principio, lo habitual: sonrisa, bienvenido, su chaqueta, pase por aquí, por favor.

Ah, pero un cambio se adivina cuando me toca una señorita diferente a los habituales jacobinos con la longitud del corte. Nada más terminar los tijeretazos, el resultado en el espejo es asombroso. Si casi no parezco… casi no parezco yo.

Me siento un privilegiado al pasar por caja con una pinta tan reluciente. La vida es buena.

Pero al cruzarme con el siguiente que va a disfrutar de esos dedos de seda, se me cae el alma a los pies.

Comprendo que he traicionado a la causa.

Ya no creo que pueda conciliar el sueño.

El ministro se dirige al mismo sillón que yo acabo de abandonar. Y es de los de peor fama.

Entonces, si frecuento los mismos establecimientos capilares, si me codeo con ese tipo de gente, significa…

¡Ay madre, que yo también voy a ser de la casta!


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martes, 19 de mayo de 2015

Nuestro mundo (VIII)

Lo realmente complicado en nuestro mundo no es distinguir a primera vista a un jedi de un sith.

Sino adivinar si en el corazón de un jedi hay un sith.

O viceversa.



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lunes, 11 de mayo de 2015

Outlander

Nada más salir a la calle, me topo con un grupo de ingleses. Mmmmm, qué curioso, parece el 20º Regimiento de Línea…




E inmediatamente aplico la lógica: con el constipado de caballo que llevo encima, y los ojos medio ciegos como si me hubieran echado pimienta, fácil es que me haya metido sin darme cuenta en un agujero de gusano. Hala, de paseo por el espacio-tiempo hasta el mil setecientos y pico.


Con este razonamiento, lo primero que me preocupa es conocer mejor el pico. Porque, dependiendo del año, puede que tenga que liarme a guantazos. ¿Guerra de la Cuádruple Alianza? ¿De la Oreja de Jenkins? ¿De los Siete Años? ¿La del 79? A elegir.

Entonces me fijo en que llevan prisionera a una dama. Y varios tipos con tartán que deambulan por los alrededores muestran en sus ademanes cierto desacuerdo.




Aaaaaah, acabáramos, estos son jacobitas y los otros hanoverianos. En tal caso, a mí ni fu ni fa. Desde la faena de Glenshiel, cuando los clanes nos dejaron con las posaderas al aire, que se arreglen entre ellos.

Resuelvo actuar como espectador neutral, lástima que no me haya traído la cámara gorda.

El que lleva entorchados en el tricornio dice a voz en grito que la dama va a ir directa a la picota, porque han encontrado a no sé quiénes atados a unos árboles y eso es traición. No lo acabo de pillar, la verdad.

Un paisano le contesta, no menos estentóreo, que si la libertad, que si viva Escocia, que si el haggis y tal y cual... Ya la tenemos armada.




Un poquito sí que me hierve la sangre, lo confieso. Me acuerdo de Errol Flynn en El señor de Ballantrae y me cuestiono si debería agarrar una claymore y lanzarme yo también a la refriega. Sólo por la dama, claro está, nada de política.

Pero antes de que me decida, resuena un «¡Soldados, retirada!», y los casacas rojas salen por piernas. Los rebeldes ganan. Música de gaitas, bailes, aplausos, jolgorio general.

Me mosquea que haya cambiado la línea temporal, porque recuerdo que era el rey Jorge el que se llevaba el gato al agua, no el pretendiente Bonnie Prince Charlie. ¿Qué ha pasado con Culloden?

En fin, me apresuro a mezclarme y pasar desapercibido en esta nueva época; tendré que conseguir un kilt y unas polainas. Quizá, si le vendo el móvil a algún highlander por media guinea, tres chelines y cinco peniques…




Y como no tengo ni idea de cómo volver a casa, dejo estas notas manuscritas, junto con las pruebas gráficas de la aventura, a buen recaudo en un paquete que deberá ser entregado a mi yo del futuro en mayo de 2015. Ojalá funcione bien el Royal Mail.

Hasta dentro de…


Nota: no esperaba correo de las islas, pero hace un rato encontré un paquete con cordel, bastante ajado, en mi buzón. En el reverso constaban portes pagados a perpetuidad por media guinea, tres chelines y cinco peniques. Al principio me tomé a broma su contenido, ¿quién sería el gracioso? Sin embargo, había una cámara de fotos, igualita a la mía de bolsillo, que despertó mi curiosidad. Cuando cargué la batería y vi la última instantánea...


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