domingo, 27 de septiembre de 2015

En el metro (XI)

Qué suerte, sólo quedan un par de estaciones. Ojalá pasen rápido y llegue por fin a casa.

Pero de improviso me asalta la certeza de que, de que...

Huy, esto mismo ya me había ocurrido hace un par de años.

No sé cómo, pero lo sé. El tercer ojo, el aura, una fuerza mística, una energía que emana de todos los seres vivos de la galaxia hace que extravíe la mirada.

Y allí…

Allí, a unos pocos metros…

Es ella. Sí, sí, es ella, la de hace un par de años.

Qué linda.

Todos me gritan en contra: Lanzarote, Cyrano, los estoicos en fila india desde Zenón hasta Marco Aurelio, el señor Spock... ¡Nooooo, no lo hagas, nooooo!

Pero mis pies se mueven sin control en la dirección errónea. Y mi boca, que ya no es mi boca, suelta algo así como:

Holaquétalcreoquenosconocemosquécasualidadencontrarnosaquíparecequehacecalorverdad.

Me sonríe.

El tren se ralentiza. Las puertas se abren.

Qué mala suerte, sólo quedaban un par de estaciones.



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