lunes, 11 de mayo de 2015

Outlander

Nada más salir a la calle, me topo con un grupo de ingleses. Casacas rojas, tricornios, mosquetones... Mmmmm, qué curioso, parece el 20º Regimiento de Línea.

E inmediatamente aplico la lógica: con el constipado de caballo que llevo encima, y los ojos medio ciegos como si me hubieran echado pimienta, fácil es que me haya metido sin darme cuenta en un agujero de gusano. De paseo por el espacio-tiempo hasta el mil setecientos y pico.

Con este razonamiento, lo primero que me preocupa es conocer mejor el pico. Porque, dependiendo del año, puede que tenga que liarme a guantazos. ¿Guerra de la Cuádruple Alianza? ¿De la Oreja de Jenkins? ¿De los Siete Años? ¿La del 79?

Entonces me fijo en que llevan prisionera a una dama. Y varios tipos con tartán que deambulan por los alrededores muestran en sus ademanes cierto desacuerdo. Gritan no sé qué de viva Escocia.

Aaaaaah, acabáramos, estos son jacobitas y los otros hanoverianos. En tal caso, a mí ni fu ni fa. Desde la faena de Glenshiel, cuando los clanes nos dejaron con las posaderas al aire, que se arreglen entre ellos.

¿Habrá pipas o palomitas por aquí, o sólo haggis?



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