jueves, 5 de febrero de 2015

Matrix re-re-re-reloaded

Me acercaba al semáforo que hay al final del campo de deportes. Caminaba a buen ritmo, intentando olvidar el frío.

Delante de mí, otro transeúnte se paró en seco. Y cuando, escasos segundos más tarde, pasé a su lado, exclamó con un acento extraño:

−Mucha suerte.

Como digo, el frío impulsaba mis pies con celeridad. Llegué al semáforo, crucé y sólo entonces arrugué un poco la frente, dubitativo. Mucha suerte. ¿Se había dirigido a mí?

Ya en la otra acera, miré hacia el camino por el que había venido.

Vacío.

Nadie, excepto un grupo de chavales entusiastas que jugaban al fútbol.

Volví la cabeza entonces hacia el lado contrario. Una chica que corría, un señor en bicicleta, una señora paseando al perro...

Ni rastro.

−Qué cosa tan rara −musité−. Mucha suerte.

Avergonzado, como si estuviera en una nueva versión de Matrix (esa peli donde los iniciados vuelan, saltan entre rascacielos y se esfuman por el cable del teléfono), me giré en redondo.

Porque, pensémoslo fríamente...

No recuerdo haber elegido ninguna píldora roja.

¿O sí?



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