martes, 24 de febrero de 2015

Ikea

Yo quería una Billy, seguro. De eso me acuerdo.

Y ni siquiera una entera. Con algunas baldas de sesenta en haya, y si acaso un par más de ochenta, ya hubiera sido feliz. Por fin los cedés un poco menos apelotonados...

Entonces, ¿por qué estoy viendo de repente una Stenstorp blanca sobre la pared de mi cocina, llena de cajas de té y vasos sidreros? Antes no estaba.

Yo no sé cómo... Algo como que ya no fabrican de sesenta... ni en haya... y después todo es confuso. Sensación de buscar la salida decepcionado, un lapicero corto, un pasillo largo, una caja bajo el brazo, una taladradora, unos tacos, un destornillador... No sé.

En fin, un misterio. Mientras medito sobre ello voy a apoltronarme en mi cojín Malinda y a abrir una Spendrups, que es lo que mejor acompaña a los arenques en salsa de mostaza con knäckebröd para la merienda. Ah, y unas pepparkakor de esas de jengibre para postre.



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