martes, 17 de junio de 2014

Para lo que hemos quedado…

Hasta ahora creía que mis nuevos compañeros de trabajo, la mayor parte veinteañeros, eran más inteligentes, ágiles y despiertos que yo en todo. Que me daban cien vueltas, vamos.

Es ley de vida, yo soy de la época del BUP.

Inciso: aclaro que la P de BUP no significa Pleistoceno, sino… Paleolítico. Hay una cierta diferencia.

Pero el caso es que mi confianza en la habilidad de estos muchachos para medrar en un mundo plagado de tiburones y morenas se ha visto seriamente empañada.

Otro inciso: morenas como el pez teleósteo ese de cuerpo viscoso y sin escamas, no morenas de… Ah, dejémoslo.

Me pregunta el compañero a mi derecha:

−Oye, estamos montando una despedida de soltero, ¿te apuntas?

Y yo, pensando en la clase de bacanales que se asocian a esas celebraciones, le respondo:

−Puf, pues no sé.

−Venga, que pensamos ir todos.
−¿Todos, todos?
−Bueno, las chicas no. La idea es "entrarles" a las que nos encontremos por ahí.
−Mmmm.
−Y para eso necesitamos a alguien como tú, así, con pinta de gentleman.
−¿Eh?
−Sí, alguien que le pueda entrar a las tías por nosotros. Los demás, es que damos pena.

¿¿¡¡!!??

¿¡Yo!? ¿¡Hacer yo qué!?

Celestino para la nueva generación.

Ayayayay. Para lo que hemos quedado…


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1 comentario:

pseudosocióloga dijo...

Ja, ja, ja..
Es que los "gentleman" molan mil.