domingo, 2 de marzo de 2014

Cualquier parecido…

Los personajes y hechos descritos en esta película son completamente ficticios. Cualquier parecido con personas verdaderas, vivas o muertas, o con hechos reales es, ejem, pura coincidencia.
La escena comienza con un tipo metido en su rinconcillo de la oficina, la tez macilenta y los ojos miopes en forzado amartelamiento con la pantalla del ordenador, adicto al mal café y a las galletas con aroma artificial de manzana y sesenta y nueve kilocalorías por unidad.

–Ven para acá un momentito.
–¿Sí, bwana?
–Como vemos que pasas aquí muchas horas, habíamos pensado en nominarte para un reconocimiento. 

¡Guau!, algo así como empleado del mes. Parece de cine, creía que sólo pasaba en las películas. ¿Y ahora qué viene? ¿Entrevistas? ¿Flashes? ¿Focos? ¿Alfombra roja? ¿Limusina en la puerta? ¿Aplausos enfervorecidos? Tendré que ensayar el discurso.

–Pero luego hemos pensado que a partir de mañana te bajamos el sueldo. Ah, y además te vamos a mandar a hacer otras cosas más feas, algún trabajo que realmente no te guste. ¿Tienes alguna queja? No, ¿verdad? Pues hala…

Eeeeeh, esto también es de cine, al fin y al cabo. Y además del bueno…


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2 comentarios:

Martikka dijo...

Uf, impresionantes las imágenes de Metrópolis con ese "ganado" acudiendo a la fábrica... No, como dices, cualquier parecido es "pura coincidencia". Ainss.

Saludos,

Edurne dijo...

Como la vida misma...
Pero da un miedo, se te queda la sangre helada.
Camino de ello llevamos...