sábado, 29 de marzo de 2014

La encrucijada de Carabanchel

La Guerra Civil.

De las novelas que haya podido leer al respecto, La encrucijada de Carabanchel, de Salvador García de Pruneda, es la que más vívidamente acude a mi memoria para relatar los años que acabaron conduciendo a aquella locura.

La historia abarca desde las boqueadas de la dictadura de Primo de Rivera hasta 1936. Dos de sus protagonistas, Enrique y Paco, son jóvenes estudiantes recién llegados a Madrid. Se habían conocido de niños y por casualidad vuelven a encontrarse durante una protesta universitaria.

Llevados a la comisaría, comienzan a forjarse de nuevo esos lazos perdidos. Amistad a la que se unen otros condiscípulos y profesores, inflamados por los cambios que se avecinan en el destino del país.

Y también reaparece Ana María, aquella niña con quien jugaban y que ya no es una niña.

Los acontecimientos siguen su curso. Por un lado, los que quedarán recogidos en los anales: cae el gobierno, pasa sin pena ni gloria la "dictablanda" del general Berenguer, elecciones municipales, el rey abdica, se proclama la República…

Por otro, los pequeños detalles, las experiencias cotidianas que van moldeándoles: expectativas, incertidumbres, tertulias en el mítico café Granja el Henar, mentores como Don Mariano, figura valleinclanesca… También, en el caso de Enrique, la difícil elección entre el amor platónico por la aristocrática Ana María, o el mucho más carnal que le ofrece Fina, artista de variedades.

Y poco a poco, todos van tomando posiciones. Aquellos compañeros que antes formaban una piña comienzan a desconfiar unos de otros, a mirarse de manera diferente según su adscripción política: falangistas, comunistas, anarquistas, monárquicos, republicanos... Cada bando cree tener la razón de su parte, cada uno sueña con un ideal. Y Enrique ha de nadar entre aguas, sin querer renunciar a nada ni a nadie.

Hasta que llega el 18 de julio. Los sublevados en la capital se concentran en el Cuartel de la Montaña. Los milicianos pretenden tomarlo al asalto, imposible quedarse al margen. ¿Cómo reaccionarán Enrique y Paco? ¿Cómo lo harán los demás personajes que les han acompañado página a página? ¿Dentro o fuera de los muros? ¿Dispararán sin importarles quien se encuentre bajo la mira de sus fusiles?

El relato es absorbente. Los caracteres, incluso los secundarios, presentan un gran caleidoscopio de matices. La sociedad de la época se describe con maestría.

El resultado es un libro redondo. Se editó hace ya mucho y no queda otro remedio que buscarlo de segunda mano, pero quien busque hallará. Vale la pena.



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miércoles, 12 de marzo de 2014

Los solteros

Un título rotundo de Muriel Spark, con efecto de llamada al ávido lector: Los solteros.

Quizá el rasgo más destacado de esta novela sea su estilo cien por cien British. Es decir, que la manera de contar, de dar vida a los personajes y las situaciones, el ambientillo, es marca registrada de autores de la isla. Como ver una serie de la BBC en la tele, vamos.

En concreto, me gusta el fino humor que impregna cada página como la niebla en Piccadilly, y que sin mover a abierta carcajada, sí nos empuja con buen cuerpo tras las andanzas de un grupo de solteros londinenses, algunos empedernidos, irreductibles, y otros que se debaten entre continuar en ese estado civil o catar las mieles del matrimonio.

Las vidas de todos ellos irán convergiendo en espiral hasta acabar reuniéndose en la sala donde se ha de juzgar a Patrick Senton, por fraude y falsificación. Ay, aquel "desafortunado incidente" ocurrido con la señora Flora…

Fácilmente recomendable.



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domingo, 9 de marzo de 2014

Los judíos

Para aprender algo más sobre el devenir del "pueblo elegido", que desde sus albores como tribu del desierto tan extraño protagonismo ha tenido a lo largo de la historia, propongo el libro Los judíos, de Luis Suárez.

Nos encontramos ante una obra que podría calificarse de enciclopédica, erudita más que divulgativa. Es decir, que su contenido es denso.

En lugar de narrar hechos a vista de pájaro, el autor analiza de forma minuciosa todos los aspectos sociales, culturales y religiosos entrelazados. Y teniendo en cuenta la amplia distribución geográfica de la diáspora y tantos siglos que tiene que cubrir en su propósito, tales aspectos resultan de lo más prolijo.

Por lo tanto, recomiendo no querer absorber todo el texto de una sentada, como si se tratase de una novela. Mejor una lectura tranquila, con suficiente tiempo por delante y unos cuantos pretzel a mano para ir picando. Bueno, y ya que nos ponemos, un vinito galileo.

Nada más. Shalom.



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miércoles, 5 de marzo de 2014

El dolor de la guerra

Vietnam, escenario de memorables historias cinematográficas, es también donde se desarrolla El dolor de la guerra, de Bao Ninh.

Bao Ninh fue soldado: según su nota biográfica, uno de los diez supervivientes de su brigada. Diez de quinientos. Por ello, cuando presenta a unos "vencedores" rotos por los recuerdos, a personas con nombre y apellido, con padres, amigos, esperanzas y sueños desmembrados, su credibilidad es indiscutible.

¿Qué nos ofrecen estas páginas? ¿Momentos bélicos? Los hay, por supuesto, y se materializan con una nitidez que sólo los escritores de altura pueden lograr. Cuando el silbido de los proyectiles queda atrás, cuando las llamas del napalm se han extinguido, aún permanecen en el lugar de la batalla las invisibles «almas que aúllan».

Sin embargo, no es eso de lo que trata. El centro de la historia es realmente… el amor.

Un amor sin futuro entre dos jóvenes que han crecido juntos y juntos descubren el mundo: la decidida Phuong, de «belleza ardiente, sensual y llamativa», y Kien, «el espíritu triste», como le apodan sus compañeros nada más ser reclutado.

Si la descripción de la lucha en la jungla, como decía, es escalofriantemente realista, los momentos en que ambos adolescentes se buscan, se aferran «el uno al otro como si no existiese el mañana, como si no hubiera tiempo que perder y necesitaran pasar cada instante juntos», nos traen oleadas de intenso lirismo.

Obra imprescindible. Vamos, en mi muy modesta opinión.



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domingo, 2 de marzo de 2014

Cualquier parecido…

Los personajes y hechos descritos en esta película son completamente ficticios. Cualquier parecido con personas verdaderas, vivas o muertas, o con hechos reales es, ejem, pura coincidencia.
La escena comienza con un tipo metido en su rinconcillo de la oficina, la tez macilenta y los ojos miopes en forzado amartelamiento con la pantalla del ordenador, adicto al mal café y a las galletas con aroma artificial de manzana y sesenta y nueve kilocalorías por unidad.

–Ven para acá un momentito.
–¿Sí, bwana?
–Como vemos que pasas aquí muchas horas, habíamos pensado en nominarte para un reconocimiento. 

¡Guau!, algo así como empleado del mes. Parece de cine, creía que sólo pasaba en las películas. ¿Y ahora qué viene? ¿Entrevistas? ¿Flashes? ¿Focos? ¿Alfombra roja? ¿Limusina en la puerta? ¿Aplausos enfervorecidos? Tendré que ensayar el discurso.

–Pero luego hemos pensado que a partir de mañana te bajamos el sueldo. Ah, y además te vamos a mandar a hacer otras cosas más feas, algún trabajo que realmente no te guste. ¿Tienes alguna queja? No, ¿verdad? Pues hala…

Eeeeeh, esto también es de cine, al fin y al cabo. Y además del bueno…


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