martes, 28 de enero de 2014

Catarsis

No puedo imaginar, va más allá de cualquier entendimiento metafísico, que pueda existir otro placer en la vida mayor que asistir a un Tristán (y una Isolda, claro).

Incluso en lo más alto del gallinero del Real, con las rodillas medio encogidas durante horas, con un tipo al lado que se duerme (¡y ronca!) nada más sonar el acorde del tercer compás, langsam und schmachtend...

Otro detrás a quien se le cae estrepitosamente el móvil durante el solo del corno inglés...

Y un tercero delante que se pasa la velada iluminando la pantalla del suyo...

No hay fuerza suficiente en el universo para evitar que el éxtasis más puro nos atraviese una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez.

En una palabra:

Catarsis.


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