lunes, 25 de junio de 2012

Los versos del capitán.

Nunca rozaré sus oídos, nunca podré susurrarle que...




Incluso si el mundo se volviera loco de repente, aunque vinieran en mi ayuda Los versos del capitán, sé que nada cambiaría. Mala suerte, esa es la realidad.

Pero no importa.

La voz de Pablo Neruda la describe como yo no hubiera sabido hacer. Como nunca hubiera podido hacer...

Toda la noche he dormido contigo
junto al mar, en la isla.
Salvaje y dulce eras entre el placer y el sueño,
entre el fuego y el agua.

Tal vez muy tarde
nuestros sueños se unieron
en lo alto o en el fondo,
arriba como ramas que un mismo viento mueve,
abajo como rojas raíces que se tocan.

Tal vez tu sueño
se separó del mío
y por el mar oscuro
me buscaba
como antes,
cuando aún no existías,
cuando sin divisarte
navegué por tu lado,
y tus ojos buscaban
lo que ahora
–pan, vino, amor y cólera–
te doy a manos llenas
porque tú eres la copa
que esperaba los dones de mi vida.

He dormido contigo
toda la noche mientras
la oscura tierra gira
con vivos y con muertos,
y al despertar de pronto
en medio de la sombra
mi brazo rodeaba tu cintura.
Ni la noche, ni el sueño
pudieron separarnos.

He dormido contigo
y al despertar tu boca
salida de tu sueño
me dio el sabor de tierra,
de agua marina, de algas,
del fondo de tu vida,
y recibí tu beso
mojado por la aurora
como si me llegara
del mar que nos rodea.

(Pablo Neruda).

martes, 19 de junio de 2012

Memorias encontradas en una bañera.

Puede que alguien recuerde aquellos tiempos en que, prácticamente imberbes, nos subíamos al pescante de un procesador 386, tiiii, tuuuu, tiiii, el módem hacía sus ruiditos al conectarse, y bajo el brillo de una pantalla de tubo catódico iniciábamos nuestro periplo por las inmensidades en ciernes de Internet.


Con el ordenador y la red de redes, el mundo cambió de arriba abajo. De teclear con la Olivetti, llenando folios y holandesas, pasamos a transmitir nuestros (des)conocimientos a la posteridad mediante combinaciones de 0 y 1 en fila india. Ya nada se pierde, todo es de todos, quién se lo iba a decir a nuestros abuelos.

Y si estos avances no los pudo prever Stanislaw Lem cuando escribió Memorias encontradas en una bañera, alrededor de 1960, ¿por qué la novela sigue manteniendo un aura de credibilidad bajo su ropaje satírico? ¿Se trata verdaderamente de un futuro que ya "nunca podrá cumplirse"?


"Entré en la secretaría muy impresionado por mi conversación con el Jefe. Las secretarias estaban pintándose y removiendo su té. Del tubo neumático del correo saltó un legajo de papeles con mi nombramiento firmado por el general. Una de las funcionarias estampó en todos el sello «alto secreto» y los entregó a otra que anotó todo el fascículo en un registro; acto seguido el registro fue cifrado con una máquina manual, la clave del cifrado destruida ante una comisión, y todos los originales quemados. La ceniza, después de cribarla y anotar en otro registro, quedó sellada en un sobre lacrado con mi número encima y fue enviada inmediatamente a la cámara del tesoro subterránea. Aturdido por la inesperada marcha de los acontecimientos, no pude dedicar la atención debida a este complicado procedimiento. Las enigmáticas frases del general se referían, sin duda alguna, a asuntos tan secretos que sólo se podía hablar de ellos en términos alusivos. Tarde o temprano alguien tenía que esclarecerme el misterio, ya que de otra manera no podría cumplir mi Misión. Ni siquiera sabía si mi nombramiento tenía algo que ver con el documento perdido, pero esta duda quedaba desvaída ante mi imprevisto ascenso".

Dentro de algunos siglos los historiadores estudiarán extrañados la época actual, el Neogeno Tardío. Apenas quedan evidencias de nuestros logros, aunque se supone que habíamos alcanzado la cúspide de la civilización. Más nos valdría haber legado inscripciones en piedra, igual que en la remota antigüedad. Ya que, cuando una sonda de exploración espacial volvió a la Tierra transportando el catalizador alienígena que desintegraba el papyr, todo se derrumbó.

Papyr, un término cuyo influencia sobre la vida de los individuos aún se discute por los expertos. Algunos plantean que quizá fuera una deidad a la que adorar, con múltiples encarnaciones: Thoolar, Bool-Sah o Kap-Eh-Taal, por ejemplo, de culto ampliamente extendido. De lo que no cabe duda es que todo el saber científico se depositaba en él; su pérdida supuso el gran colapso.

Por ello es tan importante el hallazgo arqueológico de un complejo de túneles bajo las Montañas Rocosas. Allí, en una bañera, bajo los restos de dos esqueletos, ha aparecido un rollo con el relato de alguien que lo presenció de primera mano: Las notas de un hombre del Neogeno...

Lem es habitualmente un escritor extraordinario, y este libro supone una de sus mejores creaciones. Si no llega en mi podio personal a las medallas de Ciberiada o Retorno de las estrellas, se queda tan cerca que merece un accésit. No es difícil identificar una crítica al "sistema" en un sentido amplio, a través de un protagonista que deambula por pasillos y oficinas de un inmenso refugio atómico, desde las cuales se dan órdenes contra unos presuntos enemigos a las que ya nadie hace caso, donde el poder es... de papel.

Y nada más por hoy. Hala, a seguir explorando.

domingo, 10 de junio de 2012

Un encuentro de dos.

Senta y Thomas se encuentran. ¿De qué manera le ve ella a él?: cuarenta y tantos, pectorales algo caídos, brazos demasiado largos, corte de pelo antediluviano, gusto discutible al elegir la ropa, incluso un ojo que... ¿bizquea ligeramente?

Pero ese color verde, el más puro y claro, ese color tras los párpados, ese color que la vuelve loca cuando él se la queda mirando... Toda su vida ha soñado con ese hombre. No con otro más perfecto, sólo con él.

¿Y Thomas? ¿Cuál es su primera impresión sobre Senta?


–Estabas allí de pie como si fueses una aparición –le dijo ella más adelante–. Cuando entré, en el O-Paradies no había ni un alma, estaba muy tranquilo, bueno, bastante tranquilo, no tenían puesta la música, y al acercarme a la barra para pedir mi copa de vino blanco, casualmente miré hacia un lado y allí estabas tú mirándome como un trol.
–Como un silfo –corrigió él.
–Y ya no supe qué hacer –confesó ella.
–Pero primero tú también te quedaste mirándome –comentó él–, jamás olvidaré la forma en que me observabas. Como aterrorizada.
–Pero tú me mirabas igual de aterrorizado…
–Bueno, sí, porque tú... porque tú estabas tan... ¡Uf!

Para él, está como un tren, para mojar pan, es la tía más buena que existe sobre la superficie del planeta, le quitaría la ropa a dentelladas. Pero en su lugar se queda paralizado como una estatua, no puede ni abrir la boca.


Ambos han salido a tomar algo, una noche de verano berlinesa. Thomas se siente hastiado de su trabajo como analista informático. O más que de su trabajo, de la monotonía existencial, de levantarse cada día a la misma hora, hacer las mismas cosas, comer casi lo mismo, volver a su casa como siempre... Lo mejor es «cerrar el programa, detener el proceso, borrar la memoria». Un par o dos de cervezas ayudarán.

Senta, al cuidado de una galería de arte sin clientes, se encuentra deprimida porque llama a la puerta del amor, pero no le abren. No consigue que un tal Rainer se interese en ella, y más atrás en el tiempo, sus intentos de construir algo duradero han fracasado. Les irá mejor o peor, pero hace años que sus amigas encontraron a su medio cítrico, se casaron, han tenido hijos...

El escenario, un bar de la Oranienstrasse que los dos frecuentan en horarios diferentes, pero en el que en esta ocasión han coincidido.

Él deja su copa vacía sobre la barra y va al baño. Ella se acerca para pedirle algo al camarero.

Él vuelve.

Ella aún está allí.

Ya he contado lo de la parálisis, la súbita e inexplicable emoción que les embarga. ¿Luchar contra ella? ¿Resistirse? Son extraños. ¿Dará uno de ellos algún paso? ¿Quién? ¿Se comportarán por el contrario de forma "educada" y pasarán de largo tras una última mirada de soslayo?

El resto de páginas de la novela nos da todas las respuestas, pero no es cuestión de desvelarlas. Para eso, habrá que leerla: Un encuentro de dos, de Iris Hanika.

Mi impresión... mmm... Me gustan sus intenciones, la frescura del planteamiento y la construcción empática de los protagonistas, sus maneras de ser diferentes. En el debe: literariamente floja. Para ser creíble, más allá de los tópicos "qué bonito es el amor", "no dejes pasar la oportunidad" etc., hubiera necesitado profundizar, ofrecer un desarrollo mucho más rico de la historia, aprovechando por ejemplo a personajes secundarios que no pasan de meros figurantes. En resumen, una comedia ligera para entretenerse un rato.

domingo, 3 de junio de 2012

El alfabeto armenio.

Siglo V d.C. Vivía un monje allende las montañas armenias, entre el balar de los corderillos y el piar de los gorriones.



En época tan remota, en su profesión no se dedicaban aún a la mejor actividad posible tras los muros de un monasterio. Ad maiorem homini gloriam, al menos: la fabricación de cerveza. También tenemos lo de meditar, tocar a maitines y plantar guisantes en el huerto, pero vamos, donde estén los trapenses...

De manera que el hombre, que por cierto se llamaba Mesrob Mashtots, se entretenía leyendo un montón. En griego y latín sacaba sobresaliente, y también le daba al siríaco en sus ratos libres. Por fin, su fama de enterado llegó hasta el rey del lugar.

Había mucho pagano suelto por el mundo, y el rey creyó que para difundir los intríngulis de la religión había que explicárselos a la gente de manera un poco más clara; en griego o latín, pues... no, definitivamente no. Llamó al venerable para pedirle consejo, y a este se le ocurrió inventar un nuevo alfabeto para la lengua de la calle.

Y hala, ya está, desde el año 405, mes arriba mes abajo, hasta hoy mismo: el alfabeto armenio.

ա բ գ դ ե զ է ը թ ժ ի լ խ ծ կ հ ձ ղ ճ մ յ ն շ ո չ պ ջ ռ ս վ տ ր ց ւ փ ք օ ֆ

A ojos de los profanos, prefiere la línea curva de todas las maneras posibles: hacia arriba, hacia abajo, a los lados, con un rabito aquí, con otro allá... Consta de treinta y ocho caracteres (dos de ellos más tardíos, del siglo XIII), y pese a alguna reforma ortográfica moderna, viene a ser el mismo salido de la mollera de Mashtots.

Incluso, durante mucho tiempo, sirvió como sistema numérico. Las diez primeras letras equivalen a la primera decena de números: 1, 2, 3, 4... Las nueve siguientes simbolizan el 20, 30, 40... Luego van por centenas, hasta el 1000. Más tarde por millares, y así llegamos hasta el 9000 (las dos letras medievales no cuentan). Para cifras más altas, se suman combinaciones.

Pero que el lejano visitante deseche cualquier preocupación: los armenios son tan majos como para escribir la traducción latina en casi todos los carteles públicos. Al menos, en los nombres de las calles de Ereván. Porque de otra manera, si se quiere ir a la avenida Բաղրամյան lo más fácil es acabar en...

Y nada más. Espero aburrir menos en próximas ocasiones, un saludo y me vuelvo a mis lecturas en siríaco. Y a esa botella de cerveza trapense. ¡Hips!