Resulta difícil de explicar, pero de repente lo supe. Me avisó una percepción extrasensorial, más allá de la vista, el oído, el gusto, el olor y el tacto, la misma que quizá permitió a nuestros ancestros más remotos sobrevivir a los velociraptores, después a los dientes de sable y ahora a los vendedores por teléfono. Ese sexto sentido, como digo, fue el que tensó cada fibra de mi cuerpo, el que inundó de adrenalina mis venas, preparándome para la confrontación o la huida.
Yo llevaba en mis manos el alimento honradamente ganado aquel día, y la idea era calentarlo en el microondas. Me dispuse a esperar. Con la paciencia del cazador que acecha en silencio a su presa aunque se le haga la boca agua, así contemplaba a la tartera dando vueltas tras el cristal.
Y de repente lo supe: estaba detrás de mí. Era yo el cazado. Aún intenté comportarme con dignidad, sabedor de lo fútil del gesto. Aún quise meter tripa y sacar pecho, todavía me esforcé en recordar si por la mañana me había echado la colonia de la suerte (¡sí, por favor, por favor!), tuve el tiempo justo para lamentar haber cogido una camisa arrugada del armario y haber postergado un par de meses la visita al peluquero.
Sonó el timbre, saqué mis guisantes con jamón de york, me giré y…
Ella estaba allí.
Ella en persona.
(Bueno, si esta opinión la llegaran a leer mis compañeros de mesa, habría profundo desacuerdo y tendríamos que batirnos en duelo para dirimir la ofensa. ¡Pero qué sabran ellos de belleza, beauty, bellezza, Schönheit, beauté, szépség!)
Ella miraba a través de mí, con patente disgusto por tener que compartir el electrodoméstico con gusarapos. Tenía el mundo a sus pies. Avergonzado, con los calcetines escurriéndoseme temblorosos por las pantorrillas, salí pitando.
Cuando lo que hubiera querido decirle es…

5 comentarios:
Pues nada, plan de ataque, estrategia:
Todos los días guisantes con jamón de york para comer (por si se repite la ocasión), colonia de la suerte en perfuemro pequeñito en el bolsillo, calcetines que te corten la circulación, camisas acartomadas y almidonadas de hoy en adelante y al peluquero casa quince días para recortar puntas, por si las flys!
No vaya a ser que la diosa, la malagueña salerosa, te dedique una sonrisa y entonces caigas desmayado (pero compuesto y bien planchado)!
Suerte y al toro!
;)
Suerte la próxima vez que la veas.
Por cierto, si quieres quitar lo de 'Demuestra que no eres un robot' al publicar un comentario, avísame y te digo cómo se hace.
Salud.
Muy buen post, Manne! Me he reído un poco bastante, confieso. Mal , sí, ya sé. Pero puede subsanarse: planchate la camisa de aquí hasta el fin de los días, no me descuides el detalle de un buen perfume y por favor, las medias, Manne, las medias. La vida es una sumatoria de detalles. Así que, no te desmoralices. El microondas siempre da revancha.
Me hiciste reír. Saludos van!
Sufrimiento para hoy, anécdota para mañana. O no, quién sabe. El destino es caprichoso.
Saludos don Mannelig!
Gracias por la risa y no decaigas,Mannelig, la próxima seguro que irá mejor.Abrazo
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