martes, 15 de mayo de 2012

Pippi Calzaslargas

¿Qué se me ha ocurrido para hoy? Huy, recomendar uno de aventuras. Uno en que la protagonista tiene un nombre algo complicado: Pippilotta Viktualia Rullgardina Krusmynta Efraimsdotter Långstrump.
Su cabello tenía exactamente el color de las zanahorias y estaba recogido en dos trenzas que se levantaban en su cabeza, tiesas como palos. La nariz tenía la misma forma que una diminuta patata y estaba sembrada de pecas. Su boca era grande y tenía unos dientes blancos y sanos. Su vestido era verdaderamente singular. Ella misma se lo había confeccionado. Era de un amarillo muy bonito, pero como le había faltado tela, era demasiado corto, y por debajo le asomaban unas calzas azules con puntos blancos. En las piernas, largas y delgadas, llevaba un par de medias no menos largas, una negra y otra de color castaño. Calzaba unos zapatos negros que eran exactamente el doble de grandes que sus pies. Su padre se los había comprado en América del Sur, teniendo en cuenta que los piececitos de la niña pudieran ir creciendo dentro de ellos, y Pippi no quería ponerse otros.

¡Claro que sí! De forma abreviada, nuestra amiga Pippi Calzaslargas. Dicen que la intención de Astrid Lindgren era sólo escribir una historia para entretener a su hija, y que al principio las editoriales rechazaron publicarla.

Pero a estas alturas no es necesario esforzarse mucho para hacer un panegírico de la irreverente y creativa niña que reside en Villa Villekula, junto a su caballo Pequeño Tío y al mono Señor Nilsson. Espera a su padre, capitán de un velero, que aparecerá algún día para llevarla a la isla de Taka Tuka.

Mientras tanto, gracias a su imaginación, increíble fuerza y una maleta con monedas de oro que guarda en casa, en compañía de sus vecinos Tommy y Annika traerá de cabeza a los biempensantes adultos de la localidad. Y más tarde, a los piratas que han capturado a su padre en los mares del sur.

En fin, toda una sucesión de personajes, imágenes y situaciones que forman parte de nuestra memoria colectiva. ¿Qué más se puede decir?
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